Los Ángeles (EE.UU.), 2 ene (EFE).- Los Angeles Lakers parecen haber encontrado un camino para ganar y no incluye a sus pívots. Los angelinos sumaron este domingo su segunda victoria seguida al vencer a los Minnesota Timberwolves (108-103) con un quinteto bajo durante todo el partido en el que LeBron James volvió a jugar de cinco.

Sin Anthony Davis lesionado y con unos Dwight Howard y DeAndre Jordan que no acaban de encontrar su hueco, los Lakers se han refugiado en el “small ball” y por ahora les ha servido para sumar unos triunfos que necesitan con urgencia.

En cualquier caso, no fue una victoria holgada ni excesivamente convincente.

Los Lakers no remataron el partido hasta el último minuto y jugaron con fuego con su muy precaria protección del rebote: los Wolves lograron 56 (20 de ellos ofensivos) frente a los 28 de los locales.

LeBron James lideró una vez más a los suyos con 26 puntos, 7 rebotes, 5 asistencias y 3 robos en una noche de mucho desgaste físico y en la que acabó jugando 39 minutos.

Malik Monk (22 puntos) fue el mejor acompañante de James, y Russell Westbrook (20 puntos, 3 rebotes y 5 asistencias) también puso de su parte aunque volvió a sufrir mucho con las pérdidas de balón (9 de las 15 en total de los Lakers en todo el partido).

En los de Minesota, el pívot Naz Reid se puso las botas en la pintura (23 puntos y 11 rebotes) mientras que Anthony Edwards (18 puntos, 7 rebotes y 4 asistencias) no tuvo un gran día desde el perímetro (0 de 6 en triples).

PROS Y CONTRAS DE LOS “BAJOS”

Los Lakers aprovecharon la agilidad y el movimiento de su quinteto bajo para atacar en transición y desde el exterior recurriendo a LeBron James y Malik Monk.

Sin embargo, los Wolves dejaron al descubierto las limitaciones defensivas en la zona de los angelinos y el pívot Naz Reid se hizo fuerte en el juego interior (12-10 con 6.41 en el reloj).

Ante las bajas de Karl-Anthony Towns y D’Angelo Russell por coronavirus, Anthony Edwards ha tenido que asumir -aún más si cabe- su condición de estrella de los Wolves en los últimos partidos.

Pero aunque trató de darle un punto de energía a la ofensiva visitante, los Lakers, con un banquillo bastante activo (Talen Horton-Tucker, Carmelo Anthony y Austin Reaves) controlaron el primer cuarto (31-24) pese a acumular 5 pérdidas de balón (3 de ellas cometidas por Russell Westbrook).

La conexión LeBron-Monk funcionaba de maravilla con la figura de los Lakers a la batuta y repartiendo pases desde el poste alto.

Los Wolves, mientras tanto, siguieron sacando petróleo con Reid de unas heridas que los Lakers no remediaron antes del descanso (57-54): las pérdidas de balón (11, 7 de ellas de Westbrook) y la desprotección del aro (los de Minesota sumaron 10 rebotes ofensivos en la primera mitad).

Los enormes problemas de los Lakers en el rebote defensivo continuaron en un tercer cuarto en el que los Wolves, con dos triples de Malik Beasley y Patrick Beverley, le dieron la vuelta al marcador (61-65 con 9.17 por jugarse).

Frank Vogel insistió en el quinteto bajo de los Lakers pese a que los Wolves hacían daño en la zona una y otra vez, y Monk y Bradley le devolvieron la confianza con un estupendo parcial de 10-0 para retomar el dominio del encuentro (76-72 con 4.01 en el reloj).

Edwards no tenía una noche particularmente inspirada en el tiro, pero con una bandeja situó a los suyos por delante antes del último cuarto (78-80).

Jaylen Nowell, todo un aliciente como reserva para los Wolves, continuó con su buena racha en el último parcial en el que los Lakers, de repente, se dieron cuenta de que tenían que ponerse las pilas cuanto antes.

Al rescate acudió Anthony, muy fino en el tiro para recuperar el mando (93-91 con 7.11 para el final).

Ante el enésimo final apretado de su temporada, los Lakers mordieron en defensa, limitaron sus pérdidas de balón (15 en total frente a 23 de los Wolves), y respiraron hondo tras un providencial triple más adicional de Anthony (103-98 con 3.07 en el reloj).

Los Wolves no tiraron la toalla, pero les faltó precisión, calma y oficio para superar a los Lakers en la conclusión del duelo.

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