Madrid, 12 oct (EFE).- Una voz diferente con su tesitura de castrati y una mentalidad abierta y ambiciosa (convenció a Grindr para promocionar uno de sus espectáculos) han convertido a Anthony Roth Costanzo en uno de los nuevos nombres de la lírica a tener en cuenta, sobre todo si se trata de llevar la ópera al siglo XXI.

Una voz diferente con su tesitura de castrati y una mentalidad abierta y ambiciosa han convertido a Anthony Roth Costanzo en uno de los nuevos nombres de la lírica a tener en cuenta, sobre todo si se trata de llevar la ópera al siglo XXI. EFE/Mariscal
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“Suelo decir que (Georg Friedrich) Händel me definió y que Philip Glass me transformó”, explica este contratenor estadounidense en una charla con Efe en relación con los dos compositores que, aún pese a sus más de dos siglos de diferencia, han marcado su trayectoria profesional.

Una voz diferente con su tesitura de castrati y una mentalidad abierta y ambiciosa han convertido a Anthony Roth Costanzo en uno de los nuevos nombres de la lírica a tener en cuenta, sobre todo si se trata de llevar la ópera al siglo XXI. EFE/Mariscal
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Del primero estrenará el próximo 13 de noviembre en el Teatro Real de Madrid “Parténope”, de nuevo bajo las órdenes de Christopher Alden y en el papel de Armindo, tal y como hiciera en 2014 en la Ópera de San Francisco.

“Han pasado 7 años desde entonces y en ese tiempo se producen muchos cambios en la vida, el cuerpo y la voz de un cantante, por eso creo que puedo aportar algo nuevo a mi conocimiento previo del personaje”, apuesta con una seguridad que solo flaquea cuando en la conversación cambia del inglés al español.

Destaca como Alden, “un genio” dice, “ha cogido este material que tiene casi 300 años y lo ha hecho contemporáneo” con algo del surrealismo de Man Ray y los recursos de la tradición de la comedia física de Buster Keaton. De hecho, él acaba colgando literalmente de unas escaleras… y canta un aria sin perder el aliento.

“Entreno 6 días a la semana en un gimnasio y me lo tomo muy en serio. Además, practico la pieza no solo cuando estoy bien, sino también en momentos bajos para desentrañar todos los secretos de la pieza”, desvela Roth Costanzo (Durham, 1982).

Es el mismo empeño que mostró cuando en 2016, a seis semanas del estreno en la National Opera de Londres de “Akhnaten” de Philip Glass, su otro tótem como compositor, descubrió que aparecería desnudo sobre el escenario y se apuntó a un programa intensivo para mejorar su forma física.

“No es que sea un perfeccionista. Esa idea me parece muy aburrida y no es lo que busco, pero sí soy exigente con la preparación para luego poder ser espontáneo y libre sobre el escenario”, explica.

Es una herencia de su pasado como chico de Broadway, donde trabajó al servicio de estrellas como Michael Jackson y donde con 13 años lo contactaron para embarcarse por primera vez en una producción de Benjamin Britten.

“Antes que nada soy un intérprete. Amo la música y cantar, pero lo hago para comunicar, para crear una historia, y eso es lo que me enseñó Broadway, el instinto para el teatro”, afirma.

La ópera le sedujo porque le mostró “un potencial que casi nada más tiene, puede que por la combinación de los visuales, el sonido y los elementos teatrales, para convertirse en una experiencia sensorial y emocional de la condición humana, tan importante para la búsqueda de sentido de nuestras vidas”.

En 2012, en su ascenso a la primera división del género, fue clave su triunfo en el concurso Operalia que impulsa Plácido Domingo. “Desde entonces tanto él como su mujer han sido muy generosos conmigo”, destaca, tras reconocer lo inusual que fue esa victoria “en las Olimpiadas de la ópera” siendo un contratenor, quizás por su combinación de “voz e interpretación”.

Igualmente poco habitual es encontrar un cantante graduado en una universidad de prestigio, como es Princeton (EE.UU.). ¿Su explicación? Llegar a ser “no solo un buen intérprete, sino también un creador y entender cómo conectar con distintas audiencias y crear comunidad con ellas”, subraya.

“Tenemos que ser los CEO de nuestra carrera”, insiste este también productor que apuesta por ponerse al servicio de autores contemporáneos como John Corigliano (para convertirse en breve en un nuevo Drácula) o de trabajar con figuras de otras disciplinas, como el diseñador Raf Simmons, el director James Ivory o la actriz Tilda Swinton.

En su búsqueda de una “forma auténtica de conexión” con cada comunidad, ARC (como es común encontrar su nombre abreviado) no tuvo reparos en hacer pública su condición de homosexual y tampoco en lograr que uno de sus espectáculos fuese promocionado por Grindr, la célebre app mundial de contactos gays.

Su próximo disco abundará en esta línea. “Podría haber hecho un álbum de cantatas de Pergolesi, pero pensé que era el momento de expresar mi auténtica identidad”, dice sobre el álbum que prepara de la mano del sello Decca junto a la artista y activista trans Justin Vivian Bond.

“No sé si es más fácil triunfar ahora como contratenor, porque el repertorio es más limitado, pero desde luego es algo que está llamando a la puerta del espíritu del momento”, concede, tras recordar un pasado como el de Farinelli, en el que hombres de voces agudas triunfaban en las cortes reales y en el que ya “los géneros no se pensaban de una forma tan rígida”.

Javier Herrero