Berlín, 9 nov EFE).- La plana mayor de la política alemana recordó hoy los tres aniversarios del 9 de noviembre (9N), una fecha en que confluyen desde la proclamación de la República, en 1918, a los pogromos nazis del 1938 y la caída del muro de Berlín, en 1989.

EFE/EPA/ADAM BERRY / POOL

“Debemos confrontarnos con esas fechas en todas sus contradicciones”, afirmó el presidente del país, Frank-Walter Steinmeier, en un acto solemne y en presencia de los máximos representantes institucionales del país.

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Junto a la canciller saliente, Angela Merkel, participaron en la ceremonia la presidenta del Bundestag (cámara baja del Parlamento), la socialdemócrata Bärbel Bas, así como el del Bundesrat (cámara alta), el izquierdista Bodo Ramelow, y el del Tribunal Constitucional, Stephan Harbarth.

“Es una fecha ambivalente para los alemanes, una fecha radiante y una fecha oscura”, destacó Steinmeier. Un día en que “nos asoman las lágrimas” y en el que confluyen “la esperanza, ante lo mejor que le ha ocurrido a este país”, pero también “sus abismos más oscuros”.

Es por todo ello que el 9 de noviembre es “un día muy alemán”, reflexionó Steinmeier, desde el Palacio de Bellevue, la sede presidencial.

El primero de los aniversarios, el del 1918, corresponde a la instauración de la República alemana, precipitada por la derrota de la Primera Guerra Mundial y la abdicación del emperador Guillermo II.

El segundo, el de 1938, es el de la llamada “Kristallnacht” o “Noche de los cristales rotos”, la primera matanza organizada por los nazis contra los judíos. Ardieron entonces las sinagogas y comercios de todo el país y unos 30.000 judíos fueron detenidos y luego deportados.

Fue la noche “de la devastación”, según relató la superviviente del Holocausto Margot Friedländer, quien estos días celebró sus cien años y a quien correspondió hoy evocar esa fecha en el acto oficial.

El tercer aniversario, el de la caída del Muro berlinés de 1989, representa la alegría del reencuentro entre ciudadanos y familias separados durante décadas por la llamada “Franja de la Muerte”, construida por el régimen de la Alemania comunista.

Ese día representa el fin de la traumática división ciudadana y nacional, al que siguió el proceso de reunificación política, social y económica impulsado por el entonces canciller, Helmut Kohl, y negociada con las potencias aliadas.

Se selló el 3 de octubre de 1990 con la entrada en vigor del Tratado de Unidad y la integración del territorio de la República Democrática Alemana (RDA) en la República Federal de Alemania (RFA).

La fecha adoptada como fiesta nacional de la Unidad es el 3 de octubre, pese a que la del 9 de noviembre tiene, para la memoria colectiva alemana, una carga emocional mucho mayor.

Se adoptó esa decisión dada la imposibilidad de instituir como día de festejos populares el aniversario de la caída del muro, ya que coincidía con la del horror de los primeros pogromos nazis.

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