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Desaguadero (Bolivia), 19 ene (EFE).- La frontera entre Bolivia y Perú está “abandonada” hace 15 días, el tránsito de vehículos o personas es mínimo, solo se ven algunos vestigios de los enfrentamientos y los bloqueos de hace unos días en el lado peruano, mientras que pobladores de ambos países que dependen del comercio en esa zona esperan que pronto se solucione la crisis.

Fotografía de camiones de alto tonelaje que no pueden hacer el tránsito internacional por las protestas en Perú, el 17 de enero de 2022, en la población peruana de Desaguadero, en la frontera entre Perú y Bolivia. EFE/ Javier Mamani

“No hay ni una tienda abierta, todo está en silencio, parece un cementerio”, dijo a EFE Yolanda Mita, una boliviana que llegó al pueblo de Desaguadero para intentar comprar sin éxito unos productos en el lado peruano y así proveer un negocio que tiene en La Paz.

Personas caminan por una calle bloqueada, el 17 de enero de 2023, en el lado peruano de la población de Desaguadero, en la frontera con Bolivia. EFE/Javier Mamani

Desde el pasado 4 de enero sectores que están en contra de la destitución del entonces presidente Pedro Castillo y por ende rechazan a la mandataria peruana, Dina Boluarte, retomaron las protestas y los bloqueos, lo que ha forzado el cierre de esa frontera en los puntos de Yunguyo y Desaguadero.

En esta última población, en el lado boliviano, el trabajo en las oficinas de la Aduana y Migración está interrumpido por el bloqueo en el otro extremo del puente binacional.

Luisa Cuéllar, una mujer aimara que vende comida en la parte boliviana, dijo a EFE que muchos de los pobladores del lado peruano “han ido a Lima” para “arreglar” el conflicto que comenzó tras la destitución de Castillo y que las vigilias y protestas han disminuido.

En el puente de frontera queda el hollín de las fogatas que los manifestantes peruanos encendieron hace unos días, junto a los alambres ahora sin tensar que impedían el paso, aunque los promontorios de tierra y las hileras de piedras se mantienen por varios metros entrando a Perú.

Junior Bravo, un peruano pero trabaja en La Paz, está en Desaguadero porque debe renovar su residencia en Bolivia y para ello debe regresar su país con un acceso legal, ordenar algunos papeles y volver a Bolivia.

Bravo dijo a EFE que está hace siete días en la frontera y que en el extremo peruano “no hay nada de nada”, en referencia a todas las tiendas cerradas, que el cierre de los servicios financieros y las entidades estatales peruanas, algo que está peor en Puno o Juliaca.

“A la presidenta que ahora está no la quieren, quieren elecciones, creo que es lo que se debería dar”, dijo.

ESPERA QUE DESESPERA

“Quiero cruzar (a Bolivia), pero no puedo porque no tengo el sello de salida” de Perú, contó a EFE el peruano Cristian Castillo que junto a su esposa y sus hijos pequeños permanece hace seis días en el lado boliviano de Desaguadero.

Castillo optó por permanecer en el lado boliviano para conseguir un sitio para dormir y comer al precio más bajo; él pidió que alguien de la Cancillería de su país puede llegar hasta la frontera para que le den el sello migratorio que le permita ir a su destino.

Varias personas en el lado peruano siguen algunas sendas para esquivar al punto de manifestantes más cercano y entrar a Bolivia y conseguir verduras, pan o un botellón de gas licuado para cocinar.

Muchos de los consultados por EFE, que no quisieron dar su nombre, aseguraron que las personas en los puntos de protesta “están muy agresivos”, “quitan todo al que pasa”, “azotan o apedrean” o pinchan las llantas de los vehículos que no acatan el cese de labores y se suman a la protesta.

PARALIZACIÓN DEL TRANSPORTE

Juan Chuquimia y Sergio Acho son dos choferes bolivianos que están en la frontera desde el día en que las manifestaciones en el lado peruano de Desaguadero cerraron el paso fronterizo.

Cada uno debe llegar con sus vehículos de alto tonelaje hasta el puerto peruano de Ilo, pero lamentan que después de 15 días “lo poco que queda” de alimento en ración seca se les esté acabando.

Sin embargo, Acho aseguró que la situación de sus compañeros en Perú, muchos de ellos bolivianos, es peor pues “no tienen nada” para comer y “están mal de salud”, sin poder llegar hasta Bolivia.

Ambos transportistas consideran que hay entre 350 a 400 camiones aparcados en el lado boliviano esperando su turno y que una cantidad similar o mayor está el extremo peruano, según han constatado en los videos y fotos que sus compañeros les enviaron.

Para estos transportistas no es viable seguir otra ruta debido a que la documentación que portan establece el punto de frontera que deben atravesar y que si acaso optan por salir por el paso hacia Chile de Tambo Quemado tendrían el mismo problema para intentar ingresar a Tacna, en Perú.

La crisis en Perú también ha golpeado los precios de algunos insumos básicos que se han elevado casi al doble y muchos comerciantes de Bolivia han tenido que retornar con las manos vacías sin la posibilidad de recoger algo de mercadería en el país vecino.

Gabriel Romano

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