Brasilia, 11 oct (EFE).- El presidente brasileño, Jair Bolsonaro, quien pasa unos días de vacaciones en una playa, se irritó este lunes cuando conversaba con algunos seguidores y una mujer preguntó por las más de 600.000 muertes que ya causó la covid-19 en el país.

“¿En qué país no murió gente?”, preguntó tres veces Bolsonaro, quien ante la falta de respuesta de la mujer agregó visiblemente molesto: “Mire, no vine aquí para aborrecerme”.

Brasil superó la barrera de las 600.000 muertes por covid-19 el pasado viernes y hasta ahora el mandatario no se había pronunciado sobre esa trágica marca, que hasta entonces solo había rebasado Estados Unidos.

Antes de ser interrumpido por la mujer, en una conversación con algunos seguidores en la playa de Guarujá, Bolsonaro aseguraba que el país “está saliendo de esa crisis” sanitaria, la cual consideró que “prácticamente acabó” con la fuerte reducción de las cifras de muertes y contagios que se ha registrado en los últimos meses.

Esa caída vertical de las estadísticas ha sido atribuida sobre todo al avance de la vacunación, que a día de hoy ya ha llegado con la pauta completa a un 47 % de los 213 millones de brasileños, en tanto que poco más de un 70 % tiene solo la primera dosis.

“Me dicen negacionista y dimos 20.000 millones de reales (unos 3.700 millones de dólares) para comprar vacunas”, agregó el líder de la ultraderecha, que desde el inicio de la pandemia siempre minimizó su gravedad y llegó a poner en duda la efectividad de los antígenos.

Bolsonaro volvió a criticar la “política del quédese en casa que la economía viene después”, en alusión a los confinamientos y otras medidas que restringieron la movilidad en los peores momentos de la crisis sanitaria y fueron adoptadas por gobernadores y alcaldes.

“Ahora nos quedó la inflación y todos pagamos la cuenta”, apuntó el presidente, quien sostuvo que la pérdida del poder adquisitivo de los brasileños con los aumentos de precios registrados este año, ya cercanos al 9 %, son consecuencia de esas medidas restrictivas.