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Buenos Aires, 19 oct (EFE).- Entregado a su público y convencido de su victoria electoral en la primera vuelta que se celebra el 22 de octubre, el candidato libertario a presidir Argentina, Javier Milei, cerró este jueves su campaña en un abarrotado pabellón del centro de Buenos Aires.

El candidato presidencial Javier Milei y su fórmula vicepresidencial Victoria Villarruel saludan durante el cierre de su campaña en el Movistar Arena en Buenos Aires (Argentina). EFE/ Juan Ignacio Roncoroni

El polémico economista hizo su entrada triunfal a través de la pista del Movistar Arena, donde le esperaban sus fanáticos, envueltos en banderas libertarias, pelucas imitando su particular propuesta estética o disfraces de leones, el animal espiritual de la ultraderecha argentina.

Simpatizantes asisten al cierre de campaña del candidato presidencial Javier Milei en el Movistar Arena, en Buenos Aires (Argentina). EFE/ Juan Ignacio Roncoroni

La ruta de Milei en medio de las masas dejó una de las imágenes de la jornada, la del candidato siendo empujado por sus seguidores más acérrimos, convencidos de que el libertario podría convertirse en el próximo ocupante de la Casa Rosada a partir del 10 de diciembre.

Antes, en las pantallas del acto -con un ambiente que recordaba más al de un concierto de rock que al de un acto de cierre de campaña-, el equipo de Milei mostró dos videos: uno de ellos con el aspirante hablando a la Nación desde un improvisado despacho presidencial, y el otro una colección de imágenes de explosiones, derrumbes de edificios y demoliciones.

Ya en el escenario, y rodeado de sus colaboradores más habituales, Milei tardó varios minutos en comenzar a desplegar su discurso, aún más encendido que de costumbre y salpicado de constantes idas y venidas desde el atril principal hacia los costados del escenario para encender a la multitud con cánticos y proclamas.

“La política nunca fue mi vocación. Hace unos años no consideraba la posibilidad de tener que meterme en este barro (…) Pero los hechos demostraron que si los argentinos de bien no nos metemos en política, van a seguir arruinándonos la vida”, reconoció en tono grave.

Entre los “empobrecedores” -como Milei los define-, el candidato citó a los “políticos ‘chorros’ (ladrones), a los empresarios y sindicalistas vende-trabajadores y a los periodistas ensobrados”, los enemigos habituales del libertario.

“¡Los únicos que se van al precipicio son ustedes!”, vociferó, provocando la pasión en el público que coreó los nombres de Milei y de las principales figuras de La Libertad Avanza, la fuerza política que lidera.

Hubo tiempo incluso para las bromas, cuando el economista calificó a los asistentes de “populistas” por el júbilo con el que recibieron todas las propuestas o cuando citó entre sus agradecimientos a su icónico mastín ya fallecido, Conan, de quien Milei aseguró recientemente recibir consejos políticos.

En el acto, también se pudieron reconocer algunas otras caras del universo del libertario, como su hermana Karina Milei -calificada por el candidato como ‘El jefe’-; su flamante pareja, la humorista e imitadora de la expresidenta Cristina Fernández, Fátima Flórez; o el intelectual Alberto Benegas Lynch, que inició el acto con una pausada alocución en la que propuso, entre otras sugerencias, interrumpir las relaciones diplomáticas con la Santa Sede o deshacerse de todas las empresas estatales argentinas.

Precisamente, una cita de Benegas Lynch sobre la libertad sirvió a Milei para terminar de encandilar a su público, que la coreó de memoria como si de un credo religioso se tratase.

“Quiero que ustedes sean los arquitectos de su propio destino. No nos resignemos a que nada cambie. No nos resignemos a que nuestros hijos se tengan que ir de nuestra patria”, culminó, al tiempo que elevó el tono antes de lanzar su llamada final al voto: “Son las elecciones más importantes de los últimos cien años (…) Lleven a sus hijos a votar, a sus padres y a sus amigos”.

Para cerrar definitivamente el acto, Milei pronunció una vez más su lema estrella, “¡Viva la libertad, carajo!”, justo antes de que un cañón de confeti plateado disparase brillantina por todo el escenario y el rock volviese a sonar a todo volumen por los altavoces.

Para entonces, los asistentes -en su mayoría hombres jóvenes- ya habían comenzado a rugir, convencidos de que su candidato saldrá victorioso de su cita con las urnas del domingo, e ilusionados porque sus promesas de sembrar libertad y de destruir “con motosierra” todo aquello que pueda interponerse en su camino puedan hacerse realidad.

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