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Francisco Ávila

Doha, 4 feb (EFE).- El Mundial, el segundo en ocho meses, presenta una nueva oportunidad para comprobar los progresos del equipo español, flamante campeón de Europa, una selección llamada a seguir en lo más alto y recuperar el título conquistado en 2022, pese al equilibrio absoluto que vive la disciplina en los últimos años.

Es un ejercicio entre el waterpolo balcánico (Croacia, Montenegro, Serbia), el mediterráneo (España, Grecia, Italia) y con Hungría siempre como punta de lanza.

De hecho son los ‘magyares’ los campeones del Mundo, título conquistado en Fukuoka el verano pasado tras derrotar a los griegos en la final. Los húngaros derrotaron a España en semifinales, tras un partido agónica, y los de David Martín se ganaron el bronce a Serbia.

Este Mundial tiene el prestigio de una gran competición, pero el precio añadido de la clasificación olímpica, premio que alguno de los grandes no tiene asegurado.

Por el momento ya tienen billete para París Hungría, Grecia, España y Francia por Europa; Japón por Asía, Estados Unidos por América y Australia y la débil Sudáfrica, como campeones de Oceanía y África, respectivamente.

Hay en juego cuatro plazas, pero aún no tienen plaza el ‘setebello’ italiano, los temibles croatas, subcampeones europeos, los emergentes montenegrinos o los serbios, que poco a poco levantan la cabeza.

Así que no se permiten fallos. La idea de España es refrendar su gran momento en un grupo, el A, en el que se disputarán el pase directo a cuartos precisamente con los croatas, a los que derrotó a domicilio en la final del Europeo. Sudáfrica no cuenta y Australia siempre es un duro rival.

En el grupo B, griegos y franceses están por delante de Brasil y de China; en el C, los dos equipos balcánicos (Serbia, Montenegro) tendrían que disputarse el pase a cuartos, en un grupo que completan Japón y Estados Unidos, mientras que en C, dos grandes (Italia y Hungría) se juegan la primera plaza. Kazajistán y Rumanía completan el cuarteto.

España parte en el grupo de cabeza y tiene hambre. Forma un equipo con jugadores diferenciales en la portería, en defensa, en la boya y como lanzadores y no esconde sus cartas.

Antes de cada competición llevan con naturalidad lo de ser favoritos, les puede salir mejor o no tan bien, pero levantan la mano cuando se les pregunta si están en condiciones de volver a ganar, como lo hicieron hace unos días en Zagreb.

Y es que solo hace falta comprobar lo conseguido en los últimos años para tener idea de la fiabilidad que ofrece: Plata en el Europeo de 18 y en el Mundial de 2019; plata en el Europeo del 20, el título Mundial en 2022 y el bronce en el Europeo de ese año; el bronce en el Mundial del 23 y el oro en el pasado Europeo.

En total: siete años, siete medallas. Y eso que 2024 tiene otras dos citas marcadas en rojo: el primero este Mundial de Doha, después los Juegos Olímpicos de París. EFE

fa/jpd

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