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Quito, 27 mar (EFE).- La Catedral Metropolitana de Quito fue el escenario este miércoles en un año más del tradicional Arrastre de Caudas, una centenaria procesión fúnebre de la Semana Santa que ya solo se realiza en la capital de Ecuador.

También conocida como la Reseña de la Santa Cruz, al incluir también la veneración de una reliquia de la cruz donde murió Jesucristo, el Arrastre de Caudas se sigue representando en la capital ecuatoriana como uno de los actos centrales de su Semana Santa.

Esta ceremonia llegó a Quito procedente de España en el siglo XVI y se ha celebrado de manera ininterrumpida a excepción de la pandemia de covid-19, mientras otras catedrales del mundo católico dejaron de celebrarla en años o décadas atrás, como Sevilla (España) y Lima.

En este ritual los protagonistas son el arzobispos de Quito y sus canónigos, quienes al ritmo de marchas fúnebres interpretadas por el órgano del templo arrastran por la catedral de la ciudad las caudas, unas pesadas capas negras de casi dos metros de largo que simbolizan los pecados del mundo.

Cada canónigo estaba acompañado en su recorrido por dos acólitos con cirios en las manos para alumbrar el camino, mientras un tercer monaguillo se encargaba de cuidar la extremidad de la cauda.

El último en transitar por esta peregrinación fue el arzobispo de Quito y primado de Ecuador, Alfredo José Espinosa, quien en sus manos portaba la ‘lignum cruxis’ o verdadera cruz, llamada así porque en su interior tiene una de las astillas del madero donde se afirma que fue crucificado Jesucristo.

Inspirado en rito militar romano

Fieles asisten a ver el tradicional "Arrastre de caudas", una antigua celebración católica de Semana Santa que se resiste a la extinción, este miércoles en Quito (Ecuador). EFE/ José Jácome

Culminado el recorrido, los canónigos y vicarios se postraron en el suelo del altar cubiertos por las caudas, mientras el arzobispo ondeó la gran bandera negra con una cruz roja que simboliza el luto y la sangre de Cristo que libera del pecado a la humanidad.

La bandera se ondeó primero en el altar, por encima de los sacerdotes que portan las caudas y luego sobre los asistentes, entre ellos el alcalde de Quito, Pabel Muñoz, “para transmitir el poder salvador de Cristo, muerto y resucitado”.

Este rito se remonta a la época romana y tiene un origen militar que fue adaptado por el catolicismo para rendir tributo a Jesucristo tras su calvario y crucifixión.

De acuerdo al Arzobispado de Quito, el Arrastre de Caudas se basa en una tradición funeraria de los romanos consistente en batir un estandarte sobre el féretro de un general fallecido para captar su valentía, méritos y espíritu para luego ondearlo sobre la tropa y transmitirle esos mismos valores.

Para finalizar, el arzobispo golpeó el suelo con el asta de la bandera para que los canónigos se levantasen sin las capas, lo que simboliza el triunfo de Jesús sobre los pecados.

Peregrinación a iglesias y gran procesión

Fieles asisten a ver el tradicional "Arrastre de caudas", una antigua celebración católica de Semana Santa que se resiste a la extinción, este miércoles en Quito (Ecuador). EFE/ José Jácome

La Semana Santa de Quito continuará este Jueves Santo con el recorrido por las siete iglesias (Carmen Alto, El Sagrario, San Francisco, San Agustín, La Compañía, la Catedral y La Concepción) y también con la Procesión de la Luz.

El Viernes Santo será el día grande con la procesión del Jesús del Gran Poder, una imagen del Jesús de Nazaret que es la más venerada de la capital ecuatoriana y que congrega a cientos de miles de personas en el centro histórico de la ciudad.

Pese a que se celebra desde 1961, esta procesión tiene toda la escenografía y devoción de los grandes recorridos de Semana Santa de Sevilla (España), con nazarenos cubiertos con capirotes, llamados aquí ‘cucuruchos’, quienes acompañan a la centenaria imagen que llegó a Quito procedente de España.

Ese mismo Viernes Santo también se dará en la parroquia de La Merced la Procesión de los Diablos, una curiosa celebración de la Semana Santa de Quito donde un grupo de demonios baila y festeja que Jesucristo ha muerto, una algarabía que queda silenciada con su resurrección.

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