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Rosario (Argentina), 5 ene (EFE).- Ocho décadas después de abrir sus puertas, El Cairo es un templo de obligada visita en Rosario, la ciudad de Leo Messi, Fito Páez y el ‘Che’ Guevara. Y para entrar al icónico café, cuyo origen es difuso -como buen lugar legendario-, ahora hay que pisar la esquina Serrat y Fontanarrosa… y quizá en unos meses también la “manzana Sabina”.

Fotografía fechada el 20 de diciembre de 2022, del interior del bar El Cairo, en la ciudad de Rosario (Argentina). EFE/Rodrigo García

En pleno centro histórico, este bar -inaugurado en 1943 y remodelado con su aspecto actual en 2004- está marcado por haber sido fuente de inspiración para Roberto Fontanarrosa (1944-2007) -uno de los más recordados escritores de Argentina-, en particular las tertulias en la llamada ‘mesa de los galanes’ que él encabezaba.

Fotografía fechada el 20 de diciembre de 2022, del interior del bar El Cairo, en la ciudad de Rosario (Argentina). EFE/Rodrigo García

“El Cairo es un lugar maravilloso, y a eso le sumamos que tuve la suerte de ser parte de la mesa de ‘El Negro’ Fontanarrosa, que fue como un hermano. Y eso hizo que pudiéramos relacionarnos con gente que, de otra manera, hubiese sido imposible”, cuenta a EFE el cantautor Ricardo Centurión, actual encargado y relaciones públicas del bar y uno de los ‘galanes’ de los que el también humorista gráfico hablaba en sus cuentos.

Multitud de rostros populares como Fito Páez, Juan Carlos Baglietto y Joan Manuel Serrat, gran amigo de Fontanarrosa, pasaron alguna vez por el local.

Hace dos meses, con la presencia del cantautor catalán, la esquina de El Cairo, en la intersección de las calles Sarmiento y Santa Fe, fue -avalada por una ordenanza municipal- rebautizada como Serrat y Fontanarrosa, en homenaje a ambos artistas por sus trayectorias y relación con Rosario.

“Rosario lo adora (a Serrat). Tanto él como ‘el Negro’ han sido tipos maravillosos que lo único que le han dado a la gente son cosas buenas”, relata Centurión, que adelanta su deseo respecto a la visita de Joaquín Sabina a Argentina, en marzo próximo.

“Le mandamos decir que, si viene, le vamos a poner a la manzana Joaquín Sabina (ríe). Vamos a tentarlo con eso, para demostrarle que le queremos mucho”, sentencia el también apodado ‘Negro’.

LOS GALANES

Al entrar a El Cairo, es inevitable pensar en la ‘mesa de los galanes’ que Fontanarrosa retrató en su cuento del mismo nombre y en otros relatos, en la que se juntaban el Pitufo, el Chiquito, el Colo y todos los habituales de esas tertulias, incluidos amigos de ellos que se sumaban de cuando en cuando.

“Lo de los galanes fue una ironía. (…) Teníamos un compañero de la mesa que tenía un programa de radio a la noche. Cuando se quedaba sin tema, como él pasaba por acá para ir a la radio, empezaba a inventar cosas. Y decía: ‘pasé por el Cairo y estaban los galanes'”, recuerda Centurión.

En esas mesas, “donde hay un mentiroso, un charlatán, un pelado, un gordo, uno que no quiere pagar… como son todas las mesas de amigos”, señala, se hablaba de todo, aunque, como se lee en la obra de ‘el Negro’, abundaban fútbol, mujeres y anécdotas de unos y otros.

“‘El Negro’ usaba mucho los nombres de los integrantes de la mesa porque él decía: ‘¿Esta barbaridad quién la puede decir? Esta la puede decir Ricardo, el Pitufo, el Chiquito… Nos ponía en boca nuestra cosas que eran ideas de él”, revela el músico, que define al historietista como “un genio”.

En su honor, en el bar hay una mesa llena de fotos y con patas con “forma de pierna de mujer”, subraya Centurión, que reconoce que las mujeres “mucho no duraban en la mesa”, “se aburrían y se iban”.

HISTORIA DE LEYENDA

Rosario llegó a ser conocida a finales del siglo XIX como “la Chicago argentina”: época en que, a la par de su desarrollo como puerto agroexportador a orillas del Paraná, campaban a sus anchas grupos mafiosos en una ciudad con abundantes burdeles.

El Cairo, que está ubicado junto a un cine de igual nombre, fue inaugurado como un café donde, como tantos, se jugaba al billar. Hasta los años 70 no empezaron a entrar mujeres, y su origen y su nombre están rodeados de misterio.

“Yo conocí uno de los socios: se llamaba Giovanni, pero él era griego. Es una cosa rara, porque ¿qué tenía que ver el griego con El Cairo?”, se pregunta el septuagenario relaciones públicas, que empezó a ir al bar cuando tenía 14 años.

“En El Cairo vas a encontrar gente muy grande que te cuente historias, y nosotros decimos que, si la historia está bien armada y no molesta a nadie, la damos por cierta, pero no son fáciles de creer”, agrega.

Tras un tiempo cerrado en el que los ‘galanes’ trasladaron su mesa a otro bar, El Cairo reabrió, remodelado y después de sufrir un incendio, en 2004. La muerte de ‘El Negro’, por una esclerosis lateral amiotrófica tres años después, elevó el simbolismo del bar, que destila Fontanarrosa en cada pared.

Ilustraciones suyas visten las columnas; su rostro junto al de Serrat saluda en los escaparates y una estatua lo homenajea en la calle de estilo colonial que se recrea al fondo.

El café-restaurante, que también recuerda con un cuadro al presentador Gerardo Rozín, fallecido en 2022, cuenta, además, con escenario para actuaciones. Y ‘galanes’ del siglo XXI siguen yendo: “Darío (Grandinetti) es un integrante de la mesa nuestra”, señala Centurión sobre el actor y ‘chico Almodóvar’, otro rosarino de pro.

Rodrigo García

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