Ciudad de México, 6 ene (EFE).- La pandemia ha convertido a muchos mexicanos aficionados a la cocina en reposteros emprendedores que aprovechan cualquier buena oportunidad, como es la fiesta de los Reyes Magos, para preparar la tradicional rosca de reyes de manera artesanal y venderla aprovechando sus contactos y las redes sociales.

Aspecto de la preparación de una rosca de reyes hecha por Paulina Fernández, el pasado 5 de enero de 2021, en la Ciudad de México. EFE/Alex Cruz

Durante la pandemia hubo quienes aprovecharon el tiempo libre -o una fatídica pérdida de empleo- para ponerse creativos e inspirarse en otras personas que estaban en su casa cocinando, o en grandes chefs como el español Jordi Roca, para abrir su propio negocio.

Detalle de la preparación de una rosca de reyes, hecha por Paulina Fernández, el pasado 5 de enero de 2021, en la Ciudad de México. EFE/Alex Cruz

Es el caso de Paulina Fernández, quien durante los meses de confinamiento comenzó preparando unos inspiradores roles de canela para su familia que resultaron deliciosos. Su madre, que se dedica a la gastronomía, le propuso que los vendiera y ella decidió crear su diminuta empresa: Paunadería.

Ahora, en festividades navideñas, su rosca triunfa.

“Es un buen negocio la rosca de reyes porque es cultura en gran parte del mundo. Es algo simbólico para todos y en estas fechas no puede faltar una rosca en ninguna casa”, explica este jueves a Efe la joven, que sigue la receta clásica pero con algunos pequeños cambios.

En lugar de naranja, utiliza esencia de azahar, y todos sus ingredientes -tanto para la rosca como para otros postres- son de alta calidad.

“Yo hago repostería gourmet”, detalla la joven de 22 años, que realiza su trabajo en casa de sus padres en el norte de Ciudad de México.

Paulina estudiaba psicología, pero durante la transición a las clases en línea decidió aparcar la carrera y dedicarse en cuerpo y alma a su emprendimiento.

“Ahora estoy decidida a tener una licenciatura en gastronomía para dedicarme de lleno a todo esto”, asegura la joven, que utiliza internet para darse a conocer.

DIVERSOS PANORAMAS

No es el caso de Leonardo Marín, quien en casa de su familia en el sur de la capital creo Dumärin, un pequeño negocio de repostería vegana que apenas va arrancando, y lo está haciendo con la rosca y algún otro postre estacional, como el pay de ponche.

El joven de 23 años finalizó hace seis meses su carrera de ingeniería en sistemas ambientales y hace un año decidió hacerse vegano. Aunque no tiene claro si quiere dedicarse para toda su vida a la repostería, lleva desde los 15 años dedicándole tiempo y esfuerzo.

“Cuando tenía 15 años en mi secundaria hubo una feria gastronómica. En mi equipo de trabajo me tocó ser el que hiciera los cupcakes (magdalenas) y me gustó”, relata a Efe Leonardo.

Durante muchos años vendió galletas y otros productos a sus amigos, pero hace un año tuvo que modificar todas sus recetas porque no era coherente para él vender pastelería elaborada con ingredientes de origen animal.

“Sí, me tomó tiempo y fue algo difícil de llevar, por eso me tardé y apenas empecé hace dos meses con esto, cuando me sentí más seguro de que tenía más habilidad en la repostería vegana”, confiesa.

Sus roscas, que publicita a través de las redes sociales, también cuentan con la tradicional decoración basada en ate (similar al membrillo, pero de diferentes frutas), cerezas confitadas y costra de mantequilla.

Sin embargo, para sustituir la leche y el huevo usa una mezcla de tofu y bebida vegetal de soja con la que crea una crema similar a un yogur y que logra gran esponjosidad.

DE LA COSTUMBRE AL EMPRENDIMIENTO

La costumbre de partir la rosca de reyes llegó a México como parte de las tradiciones españolas y representa el encuentro de los tres Reyes Magos – Melchor, Gaspar y Baltasar- con el recién nacido niño Jesús que se llevó a cabo el 6 de enero y que se conoce también como la epifanía.

Según se cree, la forma circular de la rosca y su decoración representan la corona de los tres Reyes Magos y, en México, dentro de la rosca se guardan pequeños muñecos de plástico que simbolizan a Jesús recién nacido.

A quién parta la rosca de Reyes y se encuentre con el pequeño muñeco tendrá que pagar el 2 de febrero, Día de la Candelaria, los tradicionales tamales para todos con los que compartió el pan, pues inmediatamente se convierte en el padrino del bebé.

Las tradiciones tienden a ser comercializables, pero personas como Paulina o Leonardo buscan que se mantengan costumbres como partir la rosca desde una perspectiva humana y vinculada con el consumo local y el trato directo.

“Antes era fácil ir a las plazas a comprar zapatos, ropa o maquillaje, ahora (…) prefiero comprar a los emprendedores, al 100 %”, comenta esperanzada Paulina, quien cree, como Leonardo, que ciertas cosas están cambiando.

Debido a la pandemia, dice, algunas personas se han vuelto más empáticas y solidarias y esto es una oportunidad para el emprendimiento.

“Creo que sí que hay una tendencia, creo que también está relacionado con la conciencia del impacto de lo que consumimos. (…) Creo que la pandemia nos dejó ver que es necesario apoyar a los pequeños productores porque tal vez viven de ello o es nuestra única forma de ingreso”, termina el creador de Dumärin.

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