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Santa Cruz de Tenerife, 9 ene (EFE).- El magma que alimentó al volcán de La Palma empezó a ascender unos tres meses y medio antes de que comenzara la erupción el 19 de septiembre de 2021 y hubo otras dos intrusiones fallidas, una bajo el océano, al sur de Puerto Naos, y otra hacia el oeste de la población de Jedey.

Estas son algunas de las conclusiones a las que han llegado un grupo de investigadores del Instituto de Geociencias (IGEO-CSIC), de las universidades Complutense y Politécnica de Madrid y de centros de Italia, Canadá y Estados Unidos.

Dos de esos investigadores son Juan Prieto y Joaquín Escayo, que firman un artículo publicado en la plataforma “The Conversation”, en el que hacen hincapié en que el ascenso del magma puede ser muy rápido o tan lento como para invertir en ello hasta decenios.

Los investigadores trabajaron en La Palma con una técnica basada en el estudio de las deformaciones del terreno producidas por el ascenso del magma antes de la erupción y las roturas en la corteza, registradas por técnicas de observación de interferometría radar de satélite (InSAR) de última generación, combinado con una nueva técnica de interpretación de estas deformaciones.

Gracias a esta técnica, cuyos resultados han sido publicados en la revista “Scientific Reports”, se ha podido determinar que el ascenso de magma fue continuo en los tres meses previos a la erupción, en los que se formó un reservorio a unos 2,5 kilómetros de la superficie en una zona estructuralmente débil, fracturada y porosa.

La intrusión comenzó bajo la población de Jedey y se quedó a unos cinco kilómetros al sur del cono volcánico principal de la erupción. Dos meses antes de la misma empezaron a aparecer fuentes de fracturación vertical a una profundidad de unos tres kilómetros, lo que sugiere una respuesta frágil de la corteza debido a un ascenso más fuerte del magma.

Coincidiendo con la actividad sísmica previa a la erupción, aumentó la aparición de esas fuentes de fracturación y tensión, que los investigadores asocian al dique de magma que usó esa fisura para salir a la superficie.

En esas estructuras de presión y tensión, además de la rama principal asociada a la erupción, se activaron otras dos ramas ascendentes, una bajo el océano al sur de Puerto Naos y otra hacia el oeste de la población de Jedey, sin alcanzar la superficie como intrusiones de magma fallidas.

Es decir, que la cámara magmática bajo la superficie de La Palma encontró tres caminos de ascenso, uno de los cuales acabó alcanzando la superficie.

El modelo de reservorio magmático, ascenso de magma y fracturas del terreno asociadas obtenido en este estudio también ayudaría a explicar otros fenómenos, como por ejemplo la todavía continua emisión de gases en las zonas de Puerto Naos y La Bombilla, señalan los autores del artículo publicado en “The Conversation”.

Estos se preguntan si gracias a su trabajo la comunidad científica está más cerca de anticiparse a las erupciones volcánicas y admiten que “desgraciadamente queda mucha investigación por desarrollar en este campo”.

Aún así, recalcan que los resultados obtenidos en el estudio del proceso eruptivo de La Palma “parecen de ayuda para avanzar en esta dirección, incluso sería muy útil en el diseño y planificación de infraestructuras y el desarrollo urbano en la reconstrucción de la isla tras la erupción”.

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