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Río de Janeiro, 11 ene (EFE).- El silencio de los militares y la quietud en los cuarteles el día en que los bolsonaristas radicales asaltaron las sedes del poder en Brasil no fue demostración de la lealtad de la Fuerzas Armadas a la democracia, sino reflejo de su actual “desarticulación”, dijeron analistas consultados por EFE.

Las Fuerzas Armadas no reaccionaron al violento ataque del domingo de los seguidores del expresidente Jair Bolsonaro a las sedes de la Presidencia, el Congreso y la Corte Suprema, pese a que los militares son responsables directos por la seguridad del palacio presidencial de Planalto.

Tampoco hicieron caso a los llamamientos para dar un golpe de Estado contra el presidente Luiz Inácio Lula da Silva, como esperaban los seguidores de Bolsonaro, que desde las elecciones estaban acampados frente a los cuarteles del Ejército para presionar por una “intervención” militar.

“No creo que exista actualmente una amenaza a la democracia brasileña. No me parece que el Ejército quiera algo del género. Si quisiesen un golpe, lo habrían dado hace algún tiempo y no habrían dejado a Lula ganar las elecciones. No hay clima para un golpe en Brasil ni clima internacional”, dijo a EFE Rafael Alcadipani, investigador en asuntos de seguridad de la Fundación Getúlio Vargas.

Para este analista, la inacción de los militares, más que una demostración de su apego a la democracia, fue un reflejo de su “desarticulación” y su falta de comando y de rumbo.

“Las Fuerzas Armadas están bastante desarticuladas, desorganizadas y desestructuradas. Cuando ocurre un hecho como el del domingo queda totalmente en evidencia su falta de estructura y de organización”, afirmó.

EL BOLSONARISMO DIVIDIÓ A LAS FUERZAS ARMADAS

Pese a que Alcadipani no considera que exista un cisma en las filas militares, el investigador Kai Kenkel atribuye la desarticulación de las Fuerzas Armadas a la división entre los “legalistas”, que defienden la obediencia a la Constitución, y los que se dejaron contaminar por el bolsonarismo.

“La institución está dividida y eso es un desastre desde el punto de vista militar. Sin cohesión ni unión no consiguen pronunciarse ni actuar y por eso su silencio”, aseguró a EFE Kenkel, coordinador del Núcleo de Estudios de Democracia y Fuerzas Armadas (Nedefa) del Instituto de Relaciones Internacionales (IRI).

Según este investigador, esa división fue promovida por Bolsonaro, que invitó a miles de militares a ocupar cargos de confianza en su Gobierno, les ofreció un espacio y les inculcó una cultura conservadora de derecha.

Para el politólogo Josué Medeiros, el nombramiento de miles de militares en cargos civiles estratégicos fue parte del plan de Bolsonaro de comprar su fidelidad y obediencia.

“La duda de si los comandantes obedecerían a Lula fue respondida cuando el Ejército se negó a desmontar los campamentos instalados por los bolsonaristas frente a los cuarteles desde las elecciones. Cómo obedecer si esos manifestantes son excolegas, familiares y amigos con los que comparten orientación política”, dijo Kenkel.

La división de las Fuerzas Armadas quedó patente cuando el comandante de la Marina, Almir Garnier, Santos prefirió anticipar su renuncia y dejar el cargo antes de la investidura de Lula para no tener que darle el saludo militar al líder ultraderechista.

Pese a que el Gobierno de Lula festejó la supuesta posición de los militares de defensa de la democracia, miembros del Gabinete admitieron que desconfían de oficiales de alto rango.

El ministro de las Relaciones Institucionales, Alexandre Padilha, dijo el lunes que el Gobierno desconfía de la responsabilidad de algunos oficiales en los ataques del domingo “porque hay un conjunto de instituciones que fueron contaminadas por el bolsonarismo”.

Si los oficiales en la activa permanecieron quietos y en silencio, algunos de la reserva hasta se tomaron fotos cuando participaban en los ataques.

Tal fue el caso del coronel de la reserva del Ejército Adriano Carmago Testoni, destituido el martes de su cargo en el Hospital de las Fuerzas Armadas luego de que publicara en las redes sociales videos de su participación en los asaltos.

En esos videos, el coronel insultó con groserías a los comandantes militares, a los que acusó de cobardes y traidores, por no haber aprovechado la oportunidad para promover un golpe.

Varios de los más de 1.500 bolsonaristas arrestados por su supuesta participación en los ataques también tildaron de “traidores” a los comandantes militares por “no haber cumplido su parte”.

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