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Buenos Aires, 7 sep (EFE).- El único terrorismo sufrido en Argentina durante la década de 1970 fue el ejercido por el Estado y si los actos violentos atribuidos a organizaciones armadas nunca fueron juzgados es porque la dictadura militar (1976-1983) optó por exterminar a sus miembros, afirma en una entrevista con EFE el secretario argentino de Derechos Humanos, Horacio Pietragalla Corti.

Desde esa contundente aseveración, Pietragalla cuestiona el acto convocado el pasado lunes por la candidata libertaria a vicepresidenta del país, Victoria Villarruel, para rendir un “homenaje a las víctimas” del accionar de organizaciones armadas como el Ejército Revolucionario del Pueblo (ERP, ultraizquierda comunista) y Montoneros (izquierda peronista).

“Es un acto negacionista”, asevera Pietragalla, quien fue apropiado y recuperado en 2003 como el ‘nieto 75’ por las Abuelas de Plaza de Mayo, sobre el evento organizado por Villarruel y que suscitó una firme condena por parte de los organismos de derechos humanos.

Villarruel, diputada y candidata a vicepresidenta en la fórmula encabezada por Javier Milei -la más votada en las primarias de agosto- reclama que se juzguen actos del ERP y Montoneros, que califica como “terroristas”, y que, según afirmó el lunes, tuvieron como blanco a 17.380 “ciudadanos inocentes” en los 70, de los cuales 1.094 fueron asesinados.

Para organizaciones humanitarias, el acto no ha sido más que un intento de reinstalar la “teoría de los dos demonios”, tratando de equiparar la violencia de los grupos armados con el terrorismo de Estado desatado por el régimen militar, que se cobró la vida de 30.000 personas.

EXTERMINIO

“La convocatoria a ese acto fue una provocación porque sabemos que el terrorismo fue uno solo y fue el terrorismo de Estado. En esos momentos el Estado tenía todas las facultades para poder llevar adelante un proceso de detención legal, juzgamiento y condena, que fue lo que no hizo y sí lo que se hizo luego con quienes llevaron adelante esas arbitrariedades (de la dictadura) en aquel momento”, señala Pietragalla.

Explica que “en Argentina distintos fallos judiciales determinaron que aquí no hubo terrorismo”.

“Lo que hubo es una lucha armada de organizaciones políticas ante las que el Estado, teniendo facultades para detenerlas legalmente, llevó adelante una maquinaria de exterminio”, afirma.

Para el secretario de Derechos Humanos, “el responsable de que no se pudieran llevar adelante” juicios contra integrantes de esas agrupaciones armadas fue “la propia dictadura militar, que no quiso investigar, procesar ni condenar y sí exterminó a miles de argentinos”.

“No se puede juzgar a quien no tiene vida. Hay un montón de estas perdonas que están desaparecidas. Y además, al no ser casos de lesa humanidad, han prescrito”, indica.

SIN MARCHA ATRÁS

Pietragalla dice que la sociedad desconoce en su mayoría quién es Villarruel, quien en 2006 creó el Centro de Estudios Legales sobre el Terrorismo y sus Víctimas y es hija del fallecido teniente coronel Eduardo Marcelo Villarruel, que participó en el denominado Operativo Independencia, desplegado en 1975 y considerado como el inicio de la represión.

Su “esperanza”, dice, es que ahora, a partir de lo ocurrido el lunes, los ciudadanos “revean” su voto en las primarias “y que personajes siniestros no lleguen a gobernar el país”.

Pietragalla rescata como hitos en estos 40 años de democracia que Argentina logró llevar al banquillo de los acusados a los responsables de los crímenes de lesa humanidad cometidos durante la dictadura, entre otros “avances institucionales” en materia de derechos humanos “que no tienen marcha atrás”.

Con todo, admite que la lucha por los derechos humanos, si bien está consolidada, “nunca está consagrada” del todo, por lo cual hay que “seguir trabajando constantemente”.

Según Pietragalla, lo que está sucediendo en Argentina debe leerse en el marco de un “giro global hacia la derecha por la frustración de las sociedades a partir de no poder cumplir sus anhelos y que aflora cuando hay momentos de crisis y de no satisfacción económica de los proyectos políticos hacia la sociedad”.

“Eso ya ha pasado hace muchos años en países de Europa, donde, después de esas frustraciones, surgieron proyectos políticos que fueron muy peligrosos para toda la humanidad y que generaron millones de muertes”, observa.

Natalia Kidd

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