Miami, 6 oct (EFE).- El “viaje”, esos instantes en los que, si el mago hace bien su oficio, el público “retrocede a la infancia y piensa que todo es posible”, es lo mejor de la magia, dice a Efe el ilusionista venezolano André Garré a solo unos días de estrenar uno de los espectáculos pospandemia en Miami.

El ilusionista venezolano André Garré realiza un truco de magia durante una entrevista con Efe, el 1 de octubre de 2021, en Miami (Estados Unidos). EFE/ Ana Mengotti

“Asombro” se estrenará el jueves 7 de octubre en una sala del icónico Hotel Biltmore de Coral Gables, una joya con aire español de fines de los años 20, con solo 70 espectadores por función.

El ilusionista venezolano André Garré realiza un truco de magia durante una entrevista con Efe, el 1 de octubre de 2021, en Miami (Estados Unidos). EFE/ Ana Mengotti

Esas personas serán testigos del espectáculo con el que Garré quiere recuperar la “simbiosis de emociones” entre el mago y su público que se perdió durante la pandemia.

Como muchos otros artistas, Garré recurrió a Zoom u otras plataformas para mostrar su arte mientras la covid-19 tenía a la gente encerrada en sus casas, pero, aparte de las dificultades técnicas que entraña para un ilusionista la presencia de una cámara, el resultado le pareció “frío”.

ZOOM NO SIRVE PARA “MARAVILLAR”

No es lo ideal cuando lo que se busca es maravillar, dice rememorando los tiempos del confinamiento.

Para Garré, que aprendió magia primero en los libros y cuyo primer público fue su familia -“los maté”, dice-, la tecnología “puede y debería ser un aliado de la magia” pero no por sí sola, solo si “forma parte de la ilusión que vas a vender”.

“Hay muchos más magos ahora que están utilizando la tecnología para apoyarse y hacer que de alguna manera florezca más la magia. Son los aditivos que la hacen brillar más”, dice.

Como ejemplo, Garré explica que hoy en día en las redes sociales existe un gran mercado para la magia y hasta hay magos que solo trabajan en ese ámbito.

En “Asombro”, un espectáculo que define como “orgánico”, el ilusionista venezolano se sirve de los teléfonos celulares del público para lograr un efecto de “sugestión colectiva” del que las redes sociales son “testigos”.

Este ingeniero de sonido que prefirió dedicarse a lo que al principio era solo una afición utiliza elementos de la magia clásica versionados con estilo propio y una combinación de efectos contemporáneos como la participación de los espectadores en una secuencia particular de rutinas enlazadas por un hilo conductor.

Garré prefiere el término ilusionista al de mago, porque, según dice, “cobran un 20 % más” aunque son exactamente lo mismo.

Además de presentar sus espectáculos en diversos países de América y Europa, ha actuado en cine y televisión, participado en campañas publicitarias y producido material para otros magos.

“Asombro”, dice, “no se trata de un catálogo de trucos sino de un espectáculo completo donde la magia ocurre tanto en el escenario como entre el público y hasta en sus celulares”.

Cuando se le pregunta por el estado actual de la magia dice que, como “una ola senoidal, tiene sus subidas y bajadas, pero está en un momento alto gracias sobre todo a la televisión” y a magos como el español Juan Tamariz, el estadounidense David Copperfield y el francés Dominique Duvivier.

UN TRUCO LO HACE CUALQUIERA

Fundador de la Sociedad Venezolana de Ilusionismo, indica que en su país hubo “una pausa muy grande” en la magia en los años 90 después del “Gran Henry”, un mago televisivo nacido en España, un país que Garré considera un referente para los magos, donde hay editoriales dedicadas al tema y hasta cursos universitarios.

A la pregunta de qué es lo que más teme un mago cuando está actuando responde que “el peor fracaso sería no ilusionar. Eso es lo que hace un buen mago, un truco lo hace cualquiera”, asevera.

Si la magia sigue conquistando gente es porque de alguna manera permite recuperar parte de la “credulidad” infantil y porque nos mueve un poco las bases lógicas o nos hace pensar que son falsas”.

“La gran palabra aquí es ilusión”, una mezcla de sorpresa y alegría por “un viaje que no esperan”, sostiene.

Garré nunca se ha enfrentado a un saboteador de espectáculos de magia, alguien del público que pone en duda todo lo que hace el mago y avisa a los demás cuando supuestamente descubre la “trampa”.

Si lo tuviera delante, dice mientras baraja hábilmente los naipes y hace diferentes cortes, le diría que el único que no disfruta es él y le preguntaría por qué gasta su tiempo y su dinero.

A la pregunta de qué peso tiene la psicología en el ilusionismo, Garré responde: un 70 % es psicología y un 30 % técnica. “Lo primero es lo fundamental y la segunda tiene que estar a su servicio al 100 %”, agrega.

El único requisito para ser mago es amar la magia hasta el punto de no aburrirse ni desesperarse por estar practicando durante meses una simple rutina con las cartas, dice Garré, quien compara ese esfuerzo con el de un flautista al que no le importara dedicar todo el tiempo hasta dar con el acorde deseado.

Ana Mengotti