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Puerto Príncipe, 10 sep (EFE).- Los estudiantes vuelven oficialmente a las aulas este lunes en Haití, pero el futuro para miles de ellos es incierto, ya que en muchos casos las escuelas se han convertido en refugio de quienes han abandonado sus hogares escapando de las sangrientas bandas armadas.

Refugiados juegan dominó en el patio del centro educativo Lycée des Jeunes Filles , en Puerto Príncipe (Haití). LEFE/ Johnson Sabin

Un ejemplo de ello es el centro educativo Lycée des Jeunes Filles, en pleno corazón de Puerto Príncipe, repleto de desplazados que se han instalado en sus aulas con lo poco que han podido salvar en medio de una de las peores crisis de este país, en la que estudiantes han muerto o resultado herido camino a las escuelas.

Refugiados ocupan las instalaciones del centro educativo Lycée des Jeunes Filles, en Puerto Príncipe (Haití). EFE/ Johnson Sabin

La mayoría proceden de Carrefour-feuilles, un vasto barrio del sur de Puerto Príncipe, escenario de repetidos ataques de bandas que ya han dejado muchos muertos y heridos en los últimos meses.

Francesca Beaujour, maestra y a cargo del campamento del Lycée des Jeunes Filles, que alberga a más de 3.313 personas, entre mujeres, hombres y 530 niños, reconoce que “en este momento no es fácil que estos niños vuelvan a la escuela”.

“No sé si alguien piensa en ellos. Los recibimos, pero no hay seguimiento”, dijo a EFE Beaujour, quien precisó que los desplazados querrían marcharse de la escuela, pero no tienen adonde ir.

“Hay injusticia y violencia, pero los niños deben poder ir a la escuela. A sus padres les gustaría enviarlos a la escuela, pero ¿cómo van a poder hacerlo?”, se preguntó.

EDUCACIÓN EN LA ERA DE LAS BANDAS

En los últimos cinco años, los estudiantes haitianos nunca han podido recibir el número recomendado de horas de escolarización debido a la agitación sociopolítica del país, lo que les hace perder muchos días lectivos a lo largo del año escolar.

Además, hay muchos alumnos que han abandonado la escuela porque se han convertido en eternos desplazados, obligados a huir de las zonas en las que viven en determinados momentos.

La zona metropolitana, que concentra al menos una cuarta parte de la población y alberga un gran número de centros educativos, está controlada en un 80 % por los grupos armados que siembran el terror día y noche en Haití ante la indiferencia de las autoridades.

De hecho, algunas de las bandas utilizan muchas escuelas como base o como zonas estratégicas para enfrentarse a bandas enemigas.

Ya en junio pasado, Unicef denunció un aumento vertiginoso de los secuestros de estudiantes, profesores y personal sanitario, así como los ataques a las escuelas.

ESFUERZOS DE LAS AUTORIDADES

El pasado 30 de agosto, el Ministerio de Educación anunció que había identificado a 3.100 niños en un total de 24 escuelas públicas y privadas que ahora son refugio de desplazados del área metropolitana de Puerto Príncipe.

Posteriormente, admitió que “se trata de un problema importante que afecta a la sociedad y al funcionamiento de varios centros escolares” y que una comisión investigadora ha hecho “propuestas para encontrar locales no lejos de los centros de acogida que permitan alojar a los niños en un breve espacio de tiempo”.

Asimismo, aseguró que ha adoptado medidas para proporcionar a los niños apoyo psicosocial y organizar otras actividades extraescolares como deportes, talleres de lectura y arte.

NO HAY AMBIENTE PARA REABRIR LAS CLASES

“No hay iniciativa de los padres para conseguir cuadernos y uniformes, ni siquiera para discutir la posibilidad de enviar a sus hijos a la escuela”, declaró Francesca Beaujour, quien ha anunciando la puesta en marcha de actividades de ocio para los niños del campamento.

En las calles de la capital y en los mercados públicos, el clima y el ambiente no dan la impresión de que el país se acerque a la apertura de las clases.

Normalmente, durante este período, los padres acuden en masa a los mercados públicos, librerías y sastrerías para asegurarse los útiles y suministros de sus hijos.

El comienzo del nuevo curso escolar “aún no está claro. Nos han quemado las casas y han vaciado otras. La gente está empobrecida. Es más, todos tenemos que empezar de cero. Sigo sin tener esperanza en las autoridades, solo en Dios. Si el Estado hubiera hecho su trabajo, no habríamos llegado en donde estamos”, afirma a EFE Joël, padre de cinco hijos.

“No puedo hacer nada. Me siento impotente”, añade, y asegura que su familia lo ha perdido todo, incluso el material escolar tradicional de años anteriores.

“Todavía no se dan las condiciones para la reapertura de las clases”, afirmó.

Milo Milfort

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