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São Paulo, 24 mar (EFE).- A sus casi 82 años, Gilberto Gil está más vigente que nunca. El cantautor brasileño se hizo gigante este domingo con un recital para la llamada generación TikTok en la tercera y última jornada de Lollapalooza Brasil, en São Paulo.

Miles de personas coparon las lomas embarradas por la lluvia del circuito de Fórmula Uno de Interlagos para ver en directo a una de las grandes leyendas de la música brasileña, que una vez más derrochó energía, paz y positivismo sobre el escenario.

Clásicos transformados en himnos

El cantante brasileño Gilberto Gil se presenta durante la tercera jornada del Festival Lollapalooza este domingo, en el Autódromo Interlagos de São Paulo (Brasil). EFE/ Isaac Fontana

Gil, gran exponente de la Música Popular Brasileña (MPB), es intergeneracional. Las letras de sus canciones son como el himno de Brasil; se las saben los padres y los hijos. Estrofa por Estrofa.

A los padres les traslada a sus tiempos de esa juventud rebelde en plena dictadura militar (1964-1985) y a los más jóvenes, ya nacidos en democracia, les retrotrae al frenesí del Carnaval.

Con sus gafas de pasta, su tupida barba canosa y con ropa de andar por casa, el compositor nacido en Salvador tocó una docena de temas, todos grandes clásicos. Los organizadores del festival no le dieron tiempo para más.

Rodeado de su familia al frente de la orquesta, arrancó con ‘Punk de la periferia’, ‘Realce’ y ‘Vamos fugir’, de las que se han hecho versiones hasta la saciedad.

Gil era consciente de que hoy la mayoría de las personas del público podrían ser sus nietos y no tardó en ganárselos.

“Rebeldes, entusiasmados… ¡Viva la juventud brasileña!”, exclamó antes de interpretar ‘A novidade’ y una versión en portugués de ‘No woman, no cry’, de Bob Marley.

Del Tropicalismo al Reggae

El cantante brasileño Gilberto Gil se presenta durante la tercera jornada del Festival Lollapalooza este domingo, en el Autódromo Interlagos de São Paulo (Brasil). EFE/ Isaac Fontana

Porque Gil es la cara de un país fundado en las raíces de la miscelánea. En sus conciertos se aprecia el Tropicalismo, pero también los acordes de la Bossa nova y hasta del Reggae.

Hijo de un médico y una profesora de enseñanza básica, su relación con la música empezó desde niño, cuando se quedaba absorto con los acordeonistas y cantantes de bandas locales que, a modo de trovadores medievales, traían nuevas historias al empobrecido noreste brasileño.

Las radios de Río de Janeiro también fueron otra de sus fuentes. Era la época de Luiz Gonzaga y Bob Nelson.

En los 60 sentaría las bases del Movimiento Tropicalista con Caetano Veloso, en la Universidad de Bahía. Un canto a la libertad que no gustó a los gerifaltes de la dictadura, motivo por el cual se tuvo que ir exiliado a Inglaterra, como Veloso.

En Londres amplió su espectro musical al verse influenciado por The Beatles o Jimi Hendrix. Toda esa sopa de estilos y artistas terminó de moldar a un Gil que encendió hoy el Autódromo de Interlagos con ‘Aquele Abraço’, ‘Andar com fé’ y ‘Palco’.

Terminó con otro tema eterno, ‘Toda menina baiana’, que un día puso a bailar a toda una Asamblea General de Naciones Unidas, cuando era ministro de Cultura en el primer mandato del progresista Luiz Inácio Lula da Silva, que gobernó entre 2003 y 2010, y volvió al poder el año pasado.

La presencia de Gil en Lollapalooza, un festival ecléctico, pero que suele apostar por artistas actuales nacionales e internacionales, demuestra que está por encima del bien y del mal.

“Maravilloso”, “podría estar tres horas”, “qué clase tiene”, fueron algunos de los elogios que se escucharon entre los jóvenes asistentes a su concierto. Gil les declaró desde el escenario su “amor incondicional”, que definió como el motor para “continuar queriendo vivir”.

Carlos Meneses

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