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Marrakech (Marruecos), 13 nov (EFE).- Al director neoyorkino James Gray no le importa la crítica. Solo intenta, dice, ponerse en el alma de los otros y tratar de aportar algo al mundo. Descendiente de judíos huidos de Rusia en 1923, ve en la guerra en Ucrania un intento imposible de recrear el pasado y defiende abrir las puertas a los inmigrantes para enriquecer su país.

Horas antes de ser homenajeado en el Festival Internacional de Cine de Marrakech (FIFM), Gray recibe a EFE en los jardines de un lujoso hotel de la ciudad marroquí. Estos días presenta su última película, “Armageddon Time”, una historia inspirada en su propia infancia que indaga, a través de la relación entre dos niños, en el racismo y la escala social del Queens de los 80.

Reflexivo, el autor de cintas tan intensas como “Two Lovers” o “The Immigrant” intenta ir al corazón de cada pregunta sin dejar cabos sueltos en la respuesta.

Pregunta.- Su última película ha recibido buenas críticas, ¿se lo esperaba?

Respuesta.- Quizá para mi detrimento, nunca pienso en lo que la audiencia va a opinar, quiero comunicar mis ideas y provocar. He hecho algún trabajo del que estoy muy orgulloso y que no ha gustado y otras veces, para mi un trabajo era pobre, y han pensado que era de lo mejor que he hecho. Tienen que pasar diez años para juzgar bien una película.

P.- ¿Está orgulloso de ella?

R.- Estoy orgulloso porque trata algo a lo que me siento muy cercano. Cuando acabo una película, ya no es mía, se convierte en tuya y da pena. Es una experiencia muy intensa: intentas sacar lo mejor de los actores, te enfocas en que la historia se cuente bien y, de repente, se acaba. Y sale al mundo, se convierte en propiedad de otros. Pero se vuelve tan parte de ti que cuando alguien dice: ‘no me gusta tu película’, significa, de alguna manera: ‘no me gustas tú’. Me lo tomo de una manera muy personal, en el mal sentido. Es un proceso raro.

P.- Es descendiente de refugiados judíos que huyeron de Rusia en 1923. Ahora hay una guerra en Ucrania con 7 millones de desplazados, ¿cree que los directores y actores tienen un papel que jugar en denunciar estos conflictos?

R.- Los artistas tenemos la obligación de revelar el mundo como lo vemos, o lo vimos, o podemos prever que sea, no como nos gustaría que fuera, no como una fantasía desconectada de la realidad. Porque esa es la función de los artistas: nuestro trabajo es extender el alcance de nuestra compasión. En un mundo que parece hostil y vicioso, es difícil para nosotros mirarnos en el alma de otra persona. Ese es el trabajo del arte, llenar ese espacio.

P.- Recientemente Sean Penn estuvo en Kiev entregando su Oscar a Vlodimir Zelenski. ¿Haría usted lo mismo?

R.- Me encanta Sean Penn, es fantástico a muchos niveles, muy cerca de un genio como actor y con una gran conciencia. Yo no se cómo abordar la guerra en Europa, mi familia es de allí y la siento como una gran tragedia, pero no llego a entenderla.

Parece injustificada, parte de una especie de fantasía de venganza del señor Putin. No entiendo cómo un país entero pudo emprender un esfuerzo bélico basado en las fantasías de venganza de un hombre, pero igual me estoy perdiendo algo, quizá no entiendo lo suficientemente bien la historia de Rusia. Parece un intento de recrear el pasado, recuperarlo, pero eso es imposible.

P.- Ha tratado el tema de la migración en varias de sus películas. El mundo se enfrenta a grandes flujos de emigrantes de África a Europa y de Sudamérica a EE.UU., ¿cuál es su visión sobre esta crisis?

R.- Probablemente se agrandará, sobre todo con el cambio climático. El mundo se convertirá en un lugar muy revuelto. Como americano, pienso que hay que abrir las puertas y dejar entrar a todo el mundo, es la manera de que el país siga siendo rico, diverso e interesante. No tengo la misma opinión que algunos de mis compatriotas, que creen que hay que excluir a todo el mundo.

La historia de la inmigración o la emigración es la historia de lo que es significa ser un ser humano. Migrar está en nuestro espíritu, en nuestra alma.

P.- Algunos de los actores más famosos, como Anthony Hopkins, Gwyneth Paltrow o Brad Pitt, han trabajado en sus película. ¿Cree que tener actores conocidos es sinónimo de éxito?

R.- En absoluto, ojalá fuera así. No va de eso, no selecciono a gente famosa porque es famosa. Los cojo porque creo que son muy buenos, y son normalmente famosos porque son buenos. Pero también hay una especie de aura de mito y leyenda que rodea a estas personas y eso añade un sentido épico a las películas.

P.- Es la tercera vez que acude al FIFM ¿Qué tiene de especial un festival africano, marroquí, centrado en directores noveles?

R.- La primera vez que vienes aquí y ves todas estas películas, que no siempre se estrenan en los EE.UU., te das cuenta de que hay un mundo entero ahí fuera del que no escuchas nada. Esto es muy interesante, pero también bastante triste que en EE.UU. no se puedan ver. Y esa es la razón principal por la que vengo aquí. Es fascinante, es una nueva manera de mirar al mundo, es la forma más cercana que tenemos de entrar en los sueños de otros.

María Traspaderne

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