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Washington, 11 nov (EFE).- Aunque la OEA niega que existiera una relación jerárquica entre el secretario general del organismo, Luis Almagro, y una funcionaria con la que tuvo una relación, fuentes consultadas por EFE aseguran que era su asesora directa y documentos internos muestran los sucesivos ascensos que obtuvo.

Desde la Secretaría General del organismo defienden que todas las acciones administrativas relacionadas con esta funcionaria se hicieron “de acuerdo a la regulación” y que “en ninguno de los casos tuvo intervención alguna el secretario general”, según dijo a EFE el portavoz de la OEA, Gonzalo Espáriz.

Los documentos a los que tuvo acceso EFE muestran que la trabajadora dependía oficialmente de la Secretaría para el Fortalecimiento de la Democracia, que dirige Francisco Guerrero, y que tuvo un aumento de grado y varios de nivel que le reportaron una mayor remuneración salarial.

Sin embargo, esta funcionaria ejercía de facto como asesora directa de Almagro, según varias fuentes de la organización consultadas por EFE.

La relación entre Almagro y esta trabajadora provocó que se abriera una investigación preliminar por parte del inspector general del organismo y este viernes por la tarde los países miembros se reúnen para decidir si se contrata a una empresa externa para hacer las pesquisas sobre este asunto de forma independiente.

La situación ha generado dudas entre el personal del organismo multilateral sobre si los ascensos de los que disfrutó la funcionaria estuvieron viciados.

“En la práctica, ella fungía como asesora (…) tú estabas en una reunión y él (Almagro) la presentaba como su novia y como asesora. Todo el mundo sabía que era la pareja de él y ella también se presentaba como su asesora”, aseguró a EFE una ex funcionaria de la OEA.

Desde la Secretaría General del organismo insisten en que Almagro “no cumplía rol de supervisor de la funcionaria, ni participó en ninguno de los procesos en recursos humanos relativos a ella”, dijo a EFE Espáriz.

El reglamento interno de la OEA estipula que aquellos que tengan una relación íntima con otro miembro del personal o proveedor de servicios “se descalificarán para supervisar o evaluar a esa persona” y no podrán “participar en ningún proceso en el que se tome o examine una decisión administrativa que afecte los intereses de esa persona”.

Almagro ya negó en octubre, durante la Asamblea General de la OEA, haber contravenido las normas del organismo y afirmó que nunca fue “supervisor de ninguna persona” con la “que tuviera una relación”.

Sin embargo, las fuentes consultadas insisten en que trabajaba a diario como su asesora directa. Además, su perfil profesional en varias páginas de internet o en las redes sociales de la propia OEA la describe como “asesora” o “asesora principal” de Almagro.

El denunciante anónimo que provocó la investigación interna dijo que no se abrió un proceso de concurso para el puesto que ocupaba la funcionaria.

En la OEA, como en otros organismos multilaterales, los cargos funcionan por grados y niveles.

Los grados están del 1 hasta el 5 y dentro de cada grado hay una serie de niveles, entre el 1 y el 13. El aumento de nivel está atado a la evaluación anual que se le hace al funcionario; si un empleado obtiene una calificación satisfactoria por parte de su supervisor, es normal que aumente de grado cada año.

Los documentos analizados por EFE muestran que la funcionaria ascendió de grado (del 2 al 3) a mediados de 2019 y, en ese mismo año, tuvo ya un aumento de nivel.

Desde la OEA sostienen que “todas las acciones administrativas” con respecto a la funcionaria “fueron de acuerdo a regulación y fueron administrados para ella igual que para todo el personal”.

“En ninguno de los casos tuvo intervención alguna” porque Almagro “nunca fue supervisor” recalcó el portavoz de la Secretaría General.

Fue en 2019, según aseguraron fuentes con conocimiento del asunto a EFE, cuando ella dejó su puesto en la sección de análisis político para ser asesora directa del secretario general.

Esto coincide con lo que narra una biografía de Almagro, titulada “Luis Almagro no pide perdón”, publicada en 2020 y escrita por los periodistas Gonzalo Ferreira y Martín Natalevich, en la que el uruguayo y su pareja hablan abiertamente de la relación.

El libro cuenta que ella trabajaba como analista en la OEA y que, en un viaje a Filadelfia por trabajo, la pareja se conoció “realmente” y pocos días después Almagro la llamó para trabajar con él. “Tiempo después la relación trascendió lo profesional”, escribe los autores del libro.

En la biografía, Almagro incluso se refiere a la funcionaria como parte de su “círculo más cercano” en la organización, en el que incluye a su jefe de gabinete, su consejero senior y otro asesor para temas políticos.

Los aumentos de nivel tenían que haber sido autorizados por el supervisor directo de la trabajadora, en este caso Francisco Guerrero.

Pero las fuentes consultadas por EFE dudan de que pudiera haber objetividad en las evaluaciones dada la relación de ella con Almagro. “Él (Guerrero) nunca la veía y nunca iba a evaluarla mal porque era la novia del secretario”, cuenta una exfuncionaria que trabajó en la organización.

En esto coincidió otra fuente consultada por EFE, que trabaja actualmente en la OEA y califica de “llamativos” los ascensos de niveles y de grado que tuvo la compañera sentimental de Almagro.

Las fuentes recalcan que la relación entre Almagro y su asesora era conocida por todos y levantaba dudas entre el personal.

“Desde un punto de vista ético está mal; cuando entras a la OEA te dicen que no puedes tener una relación con tu superior. El secretario general es el jefe de todo el mundo y no debería salir con gente de la OEA”, aseguró la exfuncionaria, que trabajó por más de una década en el organismo con sede en Washington.

Alejandra Arredondo

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