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Atem Simon Mabior

Yuba, 5 dic (EFE).- La extracción de petróleo en Sudán del Sur es una de las pocas fuentes de ingreso del pobre país africano, pero tiene esde hace años consecuencias devastadoras por los efectos de la contaminación que deja, tanto en el ecosistema como en la salud de la población, que ha visto un incremento de casos de malformaciones en bebés.

Los estados nororientales de Alto Nilo y Unity, ricos en petróleo, han experimentado la proliferación de unos campos petroleros que a menudo se inundan con deshechos, materiales químicos y metales pesados como el mercurio, el manganeso o el arsénico, altamente peligrosos para la vida humana y la de los animales.

El uso y el consumo del agua contaminada por las comunidades de la zona ha incrementado los problemas de salud para las personas y, en los últimos años, se han registrado cientos de casos de bebés con deformidades congénitas, un decrecimiento drástico de la esperanza de vida y problemas de fertilidad para hombres y mujeres.

Bebés con malformaciones

“Hemos registrado 218 bebés con malformaciones congénitas durante los últimos tres años”, dice a EFE el alcalde de la administración de Rauweng, en Unity, Stephen Wieu Malek, que asegura que en el último año unos 70 niños han nacido con deformidades a causa de la contaminación.

Por su parte, el director del hospital provincial de Koch, Daniel Gakouth, asegura que a lo largo de 2023 nacieron en su centro 15 niños con deformidades.

“Debido a la falta de suministros necesarios todos estos niños murieron, y hemos hecho un llamamiento a las empresas que operan en la industria petrolera de la región para que compensen a estas familias, pero fue en vano”, lamenta a EFE.

Ante esta lacra, las comunidades de la zona han manifestado su descontento con la proliferación de la extracción de crudo, que está marcando a la población con deformidades en la cara, la cabeza, los genitales e incluso en la columna vertebral.

Asimismo, esta toxicidad también está afectando a los medios de subsistencia de los habitantes, que ven cómo su ganado muere repentinamente al injerir agua contaminada.

El Gobierno, incapaz de poner orden

El pasado julio, el Ministerio de Medio Ambiente sursudanés amenazó con demandar a las petroleras que operan en el Alto Nilo y Unity por el “incumplimiento” de los protocolos internacionales de seguridad para la exploración de crudo, y exigió a las compañías indemnizar a los ciudadanos afectados por sus actividades.

Sin embargo, la falta de estudios y datos sobre las repercusiones de estas actividades en la salud de los sursudaneses y en el ecosistema dificulta que las empresas sean responsabilizadas.

“Si tuviéramos suficientes recursos, habríamos realizado una evaluación independiente de los impactos ambientales de la industria petrolera (…) pero parece que hay personas influyentes que intentan desbaratar este proyecto”, dice a EFE la ministra de Medio Ambiente sursudanesa, Josephine Naponi.

Aun así, asegura que “las vidas de los ciudadanos de las zonas petroleras son más importantes que el dinero que el Gobierno gana con la industria”, por lo que desde su posición intentará aplacar “el problema de la contaminación con gran determinación y seriedad”.

Miedo a beber agua

Mayol Nyang Mading, de 43 años, originario de la región petrolera de Paloug, asegura a EFE que “teme por su vida” debido a la contaminación del agua de la que beben los habitantes de la zona, muchos de los cuales han muerto al contraer “enfermedades desconocidas”.

Denuncia que los residuos de crudo han dejado sus tierras completamente yermas, mientras que “han muerto muchos árboles” y ganado.

“Nuestros niños están muriendo y nacen deformados, queremos que el Gobierno nos devuelva nuestras tierras, nuestras cosechas y nuestras vidas”, solloza el sursudanés.

No obstante, el director del departamento de Medio Ambiente y Seguridad del Ministerio de Petróleo, James Peter Tut, asegura a EFE que desde el Gobierno se está “monitoreando el trabajo” de las empresas petroleras, “especialmente en los aspectos relativos al medio ambiente y a la necesidad de preservarlo”.

Asimismo, indica que han tomado medidas contra “más de una” empresa, que evitó mencionar.

Pero completamente desconsolado, Mading no considera suficientes las acciones que está tomando la administración de Sudán del Sur para poner fin a una década de tormento para los habitantes del noreste del país africano, que al lograr su independencia en 2011 se convirtió en la nación más joven del mundo.

“Este petróleo es una gran maldición para nosotros”, lamenta.

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