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Ho Chi Minh (Vietnam), 11 dic (EFE).- Las mafias de ciberestafas se han convertido este año en uno de los problemas de crimen organizado más graves en el Sudeste Asiático, donde al menos 220.000 personas son víctimas de estas redes que las obligan a realizar estafas por internet y a vivir en condiciones de esclavitud.

Según un reciente informe de Naciones Unidas, al menos 120.000 personas están retenidas en centros de Birmania donde se les obliga a realizar estafas en internet, mientras que en Camboya, el otro epicentro de estos crímenes, se estima que rondan las 100.000 personas.

Las organizaciones que luchan contra la trata de personas empezaron a tener noticia de estos centros a principios de 2022, cuando buena parte del Sudeste Asiático llevaba casi dos años con fuertes restricciones de movimiento por la pandemia de covid-19 y los casinos que vivían del turismo se reconvirtieron en centros de estafa cibernética.

“La primera vez que oímos hablar de estos centros fue cuando víctimas de la trata en Sihanoukville (Camboya) que se habían escapado nos contactaron”, explicaba en noviembre en una conferencia online Michael Brosowski, fundador de la ONG Blue Dragon.

Brosowski cuenta cómo los dueños de los casinos de la ciudad camboyana decidieron que su negocio fuera todo a través de internet y que estafarían a personas de toda Asia con la ayuda de trabajadores engañados a los que llevarían desde distintos países para mantenerlos encerrados y obligarlos a realizar los timos.

La opacidad de estos negocios, a menudo operados por mafias chinas, dificulta conocer los números totales, pero se calcula que cientos de miles de personas del Sudeste Asiático son engañadas o directamente secuestradas para trabajar en estos centros y realizar estafas cibernéticas, un negocio que, según la Alianza Global Antiestafa, generó 1 billón de dólares entre agosto de 2022 y agosto de 2023.

Esclavitud

Las condiciones de trabajo de estos esclavos modernos varían, pero casi todos coinciden en que los teléfonos móviles y los pasaportes son confiscados, los trabajadores sufren largas jornadas laborales y escaparse no es una opción, ya que los operadores exigen compensaciones astronómicas por el esfuerzo de llevarles desde sus puntos de origen.

En los casos más extremos, algunos de los cientos de trabajadores que en los últimos meses han conseguido fugarse de estos centros, cuentan que eran encadenados a la mesa de trabajo.

Rosa Susanti, hermana de una víctima indonesia rescatada en mayo en Birmania, cerca de la frontera tailandesa, contó a EFE cómo fueron engañados creyendo que iban a trabajar en Tailandia en un servicio de atención al cliente y fueron llevados a Birmania, en donde fueron rescatados en una zona conflictiva controlada por la etnia karen.

Cuando llegaron allí se dieron cuenta de que no iban a trabajar en un servicio telefónico, sino que se iban a dedicar a hacer estafas cibernéticas a ciudadanos de todo el mundo sin poder escapar.

En algunos casos, según ha documentado Blue Dragon, algunas víctimas han sido obligadas a vender sus órganos para compensar lo que sus captores consideraban un “bajo rendimiento laboral.”

“En los últimos tres meses hemos tenido noticia de cinco casos”, explicaba recientemente por correo electrónico a Efe Broswoski, fundador de la ONG.

Expansión

Tras crecer rápidamente en Camboya, se expandieron a otras naciones del Sudeste Asiático como Filipinas, Tailandia, Laos y especialmente Birmania, donde el caos generado por el golpe de Estado de febrero de 2021 creó las condiciones óptimas para su proliferación.

 “En Birmania, los actores del crimen organizado han actuado durante años, pero la situación, especialmente relacionada con la trata de personas para esas estafas, ha empeorado desde el golpe militar de febrero de 2021”, indica un informe de Naciones Unidas del pasado agosto.

El encarcelamiento o exilio de los principales líderes opositores y la profunda crisis económica y social en que se hundió el país, con el recrudecimiento de conflictos internos y el enfrentamiento armado de fuerzas prodemocráticas contra la junta militar creó un caldo de cultivo para que prosperaran todo tipo de negocios ilícitos, como la trata de personas.

Caos en Birmania

Sin embargo, la situación ha cambiado en los últimos meses por dos factores: la mayor implicación de las autoridades chinas y el recrudecimiento de los combates en algunas zonas.

 China ha presionado a la junta militar birmana y ha realizado con ella varias operaciones para desmontar algunas de estas redes de trata de personas y también anunció la creación de una zona restringida en un condado fronterizo con el noreste de Birmania para tratar de frenar el tráfico de personas y otros delitos perpetrados por bandas de cibercrimen.

Por otro lado, el recrudecimiento de los combates en Birmania en las últimas semanas a raíz de una alianza de guerrillas étnicas y fuerzas prodemocráticas contra la junta ha multiplicado el caos en muchas zonas y ha facilitado la huida de cientos de trabajadores que están siendo repatriados por los gobiernos de sus países.

En las últimas semanas se han organizado repatriaciones de cientos de trabajadores estafados desde Birmania a Malasia, Vietnam e Indonesia, mientras que las autoridades chinas también han ayudado a cruzar la frontera a sus ciudadanos en esa situación.

Sin embargo, Blue Dragon advierte de que hasta que llega la ayuda gubernamental, miles de personas se quedan atrapadas en “especies de campos de refugiados”.

Eric San Juan

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