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París, 06 oct (EFE).- La hija de la nueva Premio Nobel de la Paz, la activista iraní Narges Mohammadi, encarcelada en su país, dijo este viernes en París, donde está refugiada junto a su padre y su hermano, que no ha podido verla desde hace ocho años y no ha hablado con ella desde hace más de un año.

Kiana, de 16 años, que intervino ante la prensa junto a su hermano mellizo Ali frente al bloque de viviendas del noreste de la capital francesa donde vive con su padre, explicó que les cortaron toda comunicación con ella, que está recluida en la prisión de Evin, y que ahora únicamente reciben noticias a través de una tía.

A pesar del aislamiento en que vive Narges Mohammadi, la hija señaló: “creo que sabe que ha ganado el Nobel, no sé cómo, pero creo que se ha enterado”.

“Estoy muy orgulloso de ella. El premio no es solo para mi madre, también para el pueblo iraní”, destacó por su parte Ali, que como Kiana hablaron en un francés perfecto.

El marido, Taghi Ramahi, que utilizó el farsi para dirigirse a la prensa, destacó que al darle esta recompensa a su mujer se está apoyando la lucha de las activistas en Irán y se les da “más fuerza para expresarse alto y claro”.

Explicó que no había podido hablar con ella y por tanto no tenía confirmación de que se hubiera enterado del premio en la prisión, pero que está convencido de que este reconocimiento le gustará, aunque también le dará una nueva responsabilidad.

Ramahi hizo hincapié en que en Irán “hay más mujeres que luchan por los derechos humanos, no sólo ella”, que también hay hombres y que existe “solidaridad” entre unos y otras.

El marido de la Premio Nobel denunció que el régimen iraní aniquila “todas las fuerzas disidentes”, que es “misógino” y quiere que las mujeres estén “en una forma de tutela”.

“No hay una vida digna”, subrayó, después de referirse al control que ejerce sobre los medios de comunicación, la política o la economía y al “sistema de opresión contra minorías religiosas y étnicas”.

Insistió en que lo que quieren es que la libertad sea para todos los activistas de los derechos humanos, “no sólo para ella”, y en que este premio minimiza el discurso del régimen y su “retórica falaciosa” con la que intenta restar importancia a la resistencia.

“El mundo occidental -afirmó- tiene que comprender que la libertad es buena para todos” y que cuando se lucha por la libertad en Irán, se está actuando contra los “terroristas” allí que “luego atacan a las democracias occidentales”.

Aseguró que la mayoría del pueblo iraní está contra el régimen, que quiere un sistema secular con libertades, pero no sabe si habrá pronto una revolución que permita el cambio. En todo caso, señaló que “la libertad tiene un precio y estamos preparados para pagarlo”.

Dijo también ser consciente de la fortaleza del poder, que recurre a la violencia y es “cínico”.

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