Redacción Ciencia, 15 sep (EFE).- Desde los xiongnu hasta los mongoles, las poblaciones de pastores de la estepa euroasiática siempre han fascinado a los paleontólogos. Una de esas tribus, los yamnaya, conquistó Europa y llegó hasta la península Ibérica hace más de 5.000 años, una gran área geográfica en la que dejaron sus genes, su lengua y su cultura.

Cómo y por qué estos pastores recorrieron distancias tan extraordinarias en la Edad de Bronce sigue siendo un misterio, pero hoy un estudio dirigido por investigadores del Instituto Max Planck para la Ciencia de la Historia de la Humanidad en Jena (Alemania) sugiere que el consumo de leche fue determinante en la gran migración de los yamnaya.

Los autores analizaron el cálculo dental (sarro) de los dientes de varios esqueletos conservados y sus proteínas y, de esta manera, pudieron identificar qué individuos bebían leche y cuáles no: el 90 % de los sujetos que vivieron en el Neolítico antes de la Edad de Bronce no mostraba evidencias de haber tomado lácteos, mientras que el 94 % de los de la primera Edad de Bronce eran “claros consumidores de leche”.

Al darse cuenta de que habían descubierto un patrón significativo, los investigadores estudiaron más a fondo los datos para examinar qué tipo de leche consumían los pastores y descubrieron que la mayoría de los péptidos de la leche eran de vaca, oveja y cabra.

Sin embargo, en un par de individuos los cálculos revelaron el consumo de leche de yegua, lo que sugiere domesticación del caballo, “un tema muy debatido en la arqueología euroasiática”, apunta Shevan Wilkin, investigadora de la Universidad de Zurich (Suiza) y una de las autoras principales del estudio.

Uno de los yacimientos en los que se había propuesto el consumo de leche en Asia Central era el de Botai, en Kazajistán, de 3.500 años de antigüedad (el pueblo del que hasta hace poco se suponía que había iniciado la domesticación de los caballos). Analizaron el cálculo de un par de individuos del yacimiento, pero no encontraron pruebas de que bebieran leche.

Esto concuerda con la idea de que los caballos Przewalskii -una raza presente en el yacimiento de Botai- no fueron los ancestros del caballo doméstico actual (como recientemente ha demostrado un estudio arqueogenético), sino que la domesticación de caballos -y el consumo de leche de yegua- comenzó probablemente a unos 1.500 kilómetros al oeste, en la estepa del Caspio póntico.

“Nuestros resultados no contentarán a todo el mundo, pero son muy claros”, afirma la profesora Nicole Boivin, autora principal del estudio y directora del Departamento de Arqueología del Max Planck para la Ciencia de la Historia de la Humanidad. “Vemos una importante transición al consumo de leche justo en el momento en que los pastores comenzaron a expandirse hacia el este” y es probable que los caballos domesticados también desempeñaran un papel.

Aunque todavía no se ha investigado cuál era la ventaja fundamental que aportaba la leche, es probable que los nutrientes, las proteínas y la fuente de fluidos en un entorno altamente árido hubieran sido fundamentales para la supervivencia en la dura y abierta estepa.
“Lo que vemos aquí es una forma de revolución cultural”, sostiene Wilkin.

Añade que “los pastores de la Edad de Bronce temprana se dieron cuenta claramente de que el consumo de productos lácteos ofrecía algunas ventajas fundamentales y, una vez que lo hicieron, las vastas expansiones de estos grupos por la estepa se hicieron posibles”. EFE
ecg/acm

La doctora Shevan Wilkin analizando los cálculos dentales en el laboratorio del Instituto Max Planck para Ciencias Humanas. EFE/S. Wilkin/Foto cedida