Pekín, 26 sep (EFE).- El regreso a China de la directora financiera de Huawei, Meng Wanzhou, en virtud de un acuerdo con las autoridades estadounidenses relaja las tensiones en las maltrechas relaciones chino-estadounidenses, aunque las disputas entre ambas potencias seguirán en varios campos, auguran los expertos.

La liberación de Meng se produjo poco después de que la directiva llegara desde Canadá, donde llevaba detenida desde 2018, a un acuerdo para que EE. UU. suspendiera su petición de extradición y el proceso judicial por fraude contra ella, lo que posibilitó su regreso este sábado a la ciudad meridional china de Shenzhen.

Su vuelta se produjo de forma simultánea a la de los dos canadienses, Michael Kovrig y Michael Spavor, detenidos en China en 2018 y posteriormente condenados por robar secretos de Estado.

Como en una novela de espionaje, la salida y llegada de los tres protagonistas involuntarios de una de las principales crisis diplomáticas de los últimos años se produjo de forma paralela en el espacio de 24 horas, poniendo fin a la crisis.

“Todos han ganado en esta operación. Para Pekín, lo más importante era traer a Meng de vuelta y que Estados Unidos se haga a la idea de que no puede menospreciar a China. El caso contra ella no era sólido, y al final EE. UU. tampoco iba a ganar nada con su extradición”, asegura a Efe Víctor Gao, experto en relaciones entre Pekín y Washington y exintérprete del líder chino Deng Xiaoping.

El analista cree que la pelota sigue estando en el tejado de Washington para alcanzar una suerte de “distensión” bilateral tras varios años de fricciones diplomáticas, comerciales y tecnológicas.

DIPLOMACIA DE REHENES

Para garantizar el éxito de la operación para liberar a Meng y a los “Michaels”, como se conoce en Canadá a Kovrig y a Spavor, era necesario que todas las partes cedieran y, al mismo tiempo, se sintieran ganadoras, señala Gao.

Así, Meng no admitió culpabilidad pero sí asumió responsabilidades para obtener su libertad, mientras que los canadienses, oficialmente liberados por motivos de salud, “confesaron sus delitos y expresaron por escrito su arrepentimiento”, según el tribunal que los liberó.

Meng ha vivido desde diciembre de 2018 en una de las dos mansiones que posee en Vancouver, mientras que los “Michaels” han sufrido en celdas de reducidas dimensiones, según la prensa canadiense, con iluminación permanente las 24 horas al día durante largas temporadas y sólo con una visita mensual de los representantes diplomáticos canadienses en el país.

“Aunque Pekín ha evitado relacionar el caso de Meng y el de los “Michaels”, en cierto modo este último proceso era una forma de dejar claro que no se puede jugar con China”, dice Gao.

Pero para China la única detención arbitraria ha sido la de Meng, catalogada por los portavoces del gigante asiático como una farsa para “reprimir” a sus tecnológicas.

UN FINAL “FELIZ”

Otros expertos chinos creen que el desenlace final será “positivo” para las relaciones entre China, Estados Unidos y Canadá, país que en los últimos años ha sido objeto de una feroz crítica por parte de Pekín por su “complicidad” con las políticas de Washington.

“El acuerdo -acota Huang Jing, profesor de la Universidad de Lengua y Cultura de Pekín- significa que hay un cierto espacio para el entendimiento entre China y Estados Unidos pese a las amargas disputas de los últimos años. Implica que además de enfrentarse, son capaces de hablar”.

Huang cree que el proceso contra la directiva de Huawei se circunscribe dentro de la herencia dejada por el anterior inquilino de la Casa Blanca, Donald Trump.

“Este final feliz allana el camino para la cooperación, pero queda mucho por resolver, como los aranceles que impuso Trump a productos chinos en 2018”, afirma Song Luzheng, investigador de la Universidad Fudan, al rotativo South China Mornig Post (SCMP).

A ese respecto, las autoridades estadounidenses se han limitado a comentar que Washington está todavía “evaluando de forma exhaustiva” sus políticas comerciales.

El tema arancelario, predice Song, podría tocarse durante la próxima cumbre del G20 que tendrá lugar en octubre en Italia, aunque todavía no ha transcendido si el presidente chino, Xi Jinping, acudirá en persona o si se reuniría con su homólogo Joe Biden.

“Que los dos presidentes se reúnan sería una gran noticia, pero antes de nada deberían pensar si realmente quieren una relación bilateral constructiva o no”, apunta Gao.

Al margen del comercial, hay campos, como el tecnológico y los de defensa y seguridad, que tienen menos visos de solución: Huawei anunció ayer tras la liberación de Meng que se defenderá de todas las acusaciones de los tribunales estadounidenses contra ella.
“De los tres problemas más acuciantes, el de Meng se ha solucionado. El de los aranceles está por ver.

Pero es poco probable que Washington ceda en temas como las limitaciones a la venta de componentes tecnológicos”, remata otro experto citado por el SCMP.

Estados Unidos mantiene que Huawei conspiró para robar secretos comerciales a empresas estadounidenses y limitó a sus compañías cooperar con la tecnológica china, lo que la ha afectado para abastecerse de semiconductores, ante lo cual China busca reducir su dependencia apostando por lograr la autosuficiencia.

Jesús Centeno