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Redacción Ciencia, 25 mar (EFE).- Entre la salida de los humanos de África y su expansión por Eurasia aquellos primeros pobladores permanecieron inactivos durante algunos milenios, formando una población homogénea que se concentró en la meseta persa, según una nueva investigación.

Un equipo internacional encabezado por la Universidad de Padua (Italia) empleó pruebas genéticas, paleoecológicas y arqueológicas que han revelado hasta qué punto la meseta persa fue un punto geográfico crucial durante las primeras etapas de la migración del Homo sapiens fuera de África.

Este descubrimiento ofrece información sobre el periodo crítico desde la salida de África y la diferenciación de las poblaciones euroasiáticas, lo que aclara una parte de 20.000 años de la historia del Homo sapiens, hace entre 70.000 y 45.000 años.

Los antepasados de todos los euroasiáticos, americanos y oceánicos actuales salieron de África, pero al llegar a Eurasia, se habrían asentado durante algunos milenios antes de expandir su área de distribución por todo el continente y más allá.

Este acontecimiento sentó las bases de la divergencia genética entre los actuales europeos y los asiáticos orientales, y puede datarse en unos 45 mil años.

“Con nuestro trabajo encontramos un hogar a 20.000 años de historia compartida entre europeos, asiáticos orientales, nativos americanos y oceánicos”, señaló Luca Pagani de la Universidad de Padua y autor principal del estudio.

Ese periodo del viaje humano fuera de África “es fascinante”, pues fue entonces cuando “nos encontramos y mezclamos nuestros genes con los de los neandertales”, destacó.

Además, arroja luz sobre las relaciones entre varias poblaciones euroasiáticas, proporcionando pistas cruciales para comprender la historia demográfica de nuestra especie en Europa, Asia Oriental y Oceanía.

Cuál pudo haber sido la zona geográfica donde vivieron los antepasados de todos los no africanos tras la salida de ese continente y que actuó como núcleo para los posteriores desplazamientos ha sido objeto de debate.

Los investigadores aplicaron para este estudio un novedoso enfoque genético e identificaron poblaciones antiguas y modernas como las portadoras de las trazas genéticas que más se asemejan a los rasgos de la población de aquel centro neurálgico.

Todo ello señala a la meseta persa “como la probable patria de todos los primeros euroasiáticos”, explicó en un comunicado el Consejo Estonio de Investigación, otro de los firmantes del trabajo junto al Instituto Max Planck (Alemania) o la Universidad Griffith (Australia).

El estudio que publica Nature Communications también investigó las características paleoecológicas de la meseta persa en aquella época y confirmó que era apta para la ocupación humana, potencialmente capaz de sostener una población mayor que la de otras partes de Asia Occidental.

Identificar este lugar “como centro de las primeras migraciones humanas abre nuevas puertas a la investigación arqueológica y paleoantropológica”, en palabras de Michael Petraglia, de la Universidad Griffith.

La meseta será el centro del proyecto ‘Last Neanderls’ que pretende explorar y desentrañar los intrincados acontecimientos bioculturales que tuvieron lugar hace entre 60.000 y 40.000 años.

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