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Redacción Ciencia, 2 abr (EFE).- La cría de gallinas para la producción de huevos y pollos es una de las actividades económicas más importantes del mundo pero sus orígenes siguen siendo poco conocidos. Ahora, una nueva investigación apunta que esta práctica empezó hace 2400 años en Eurasia y se extendió al resto del mundo por la antigua Ruta de la Seda.

Las conclusiones del estudio, liderado por el Instituto Max Planck de Geoantropología (Alemania), se han publicado este martes en la revista Nature Communications.

El origen de la cría de gallinas en la historia ha sido difícil de determinar. De hecho, gracias a las nuevas técnicas arqueológicas, recientemente se ha descubierto que muchos hallazgos de huesos que antes se creía que representaban a las primeras gallinas pertenecían en realidad a aves salvajes.

La nueva investigación -realizada por un equipo internacional de arqueólogos, historiadores y científicos biomoleculares- es la primera en presentar pruebas de la cría de gallinas para la producción de huevos.

Una especie global de gran importancia económica

A partir de trozos de cáscaras de huevo recogidos en doce yacimientos arqueológicos que abarcan unos 1500 años, el equipo ha demostrado que las gallinas se criaban en Asia Central aproximadamente desde el 400 a.C. hasta 1000 d.C. y que probablemente se dispersaron a lo largo de la antigua Ruta de la Seda.

Además, la abundancia de cáscaras sugiere que las aves ponían fuera de temporada, lo que hizo que la gallina doméstica resultara muy atractiva para los pueblos antiguos.

Para llegar a estas conclusiones, el equipo recogió decenas de miles de fragmentos de cáscaras de huevo de yacimientos situados a lo largo del principal corredor centroasiático de la Ruta de la Seda e identificaron su origen a través de un análisis biomolecular llamado ZooMS, un análisis basado en señales proteínicas en lugar de ADN pero igual de eficaz que uno genético.

“Este estudio muestra el potencial del ZooMS para arrojar luz sobre las interacciones entre humanos y animales en el pasado”, subraya Carli Peters, del Instituto Max Planck de Geoantropología y primera autora del nuevo artículo.

La identificación de estos fragmentos de cáscara y su abundancia en las capas de sedimentos de cada yacimiento demostró que las aves debían de realizar puestas con más frecuencia que su antepasado salvaje, la gallina selvática roja, que anida una vez al año y pone unos seis huevos por puesta, una ventaja que convirtió a la gallina doméstica en una especie global de gran importancia económica.

“Es la primera prueba de la pérdida de la puesta estacional de huevos identificada en el registro arqueológico, y una pista importante para comprender mejor las relaciones mutualistas entre humanos y animales que dieron lugar a la domesticación”, defiende Robert Spengler, investigador principal del estudio.

Los autores esperan que este estudio demuestre el potencial de los métodos nuevos y rentables, así como de la colaboración interdisciplinar para abordar antiguas cuestiones sobre el pasado.

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