Kabul, 12 dic (EFE).- Una legión de maestras desafían a diario las amenazas de los talibanes impartiendo clases en la clandestinidad para las niñas de secundaria, en una forma de resistencia al anuncio hace casi tres meses de los islamistas de que estas jóvenes no regresarían a las escuelas hasta nuevo aviso.

La escuela clandestina en una casa de Kabul cuenta ya con entre 30 y 40 estudiantes, que acuden a diferentes horas del día según su nivel, atentas, sin importar el frío, al que combaten abrigadas de pies a cabeza, o la posible visita de los talibanes. EFE/ Moncho Torres

En una de esas aulas clandestinas en un barrio residencial de Kabul, una decena de estudiantes sigue la lección de Karima Kohistani, una maestra que decidió habilitar una habitación de su casa para que estas jóvenes pudieran proseguir con su formación.

La maestra Dakia (d) asegura que incluso durante estas clases clandestinas en ocasiones no tienen "paz", porque las descubrieron los talibanes y ahora "vienen a veces" y les dicen que no pueden enseñar. EFE/ Moncho Torres

Fue una decisión arriesgada, pero la maestra dice que no tenía otra opción ante los frecuentes reclamos de las alumnas, incluida su hija de 17 años, que preguntaban por la apertura de las clases y llegaron incluso algunas a plantarse en su casa en busca de ayuda.

“Como madre, como maestra, ¿cómo iba a soportar ver a mi hija y a mis estudiantes desilusionadas? Así que finalmente decidí empezar con la escuela, sobre todo para aquellas niñas sin recursos cuyas familias no podían permitirse clases privadas o sus padres analfabetos no podían enseñarles”, afirmó a Efe Kohistani.

La escuela cuenta ya con entre 30 y 40 estudiantes, que acuden a diferentes horas del día según su nivel, atentas, sin importar el frío, al que combaten abrigadas de pies a cabeza, o la posible visita de los talibanes.

Y es que como explica a Efe otra maestra, Dakia, incluso durante estas clases clandestinas en ocasiones no tienen “paz”, porque las descubrieron los islamistas y ahora “vienen a veces” y les dicen que no pueden enseñar, que “las chicas no tienen permiso, y si no van a la escuela, tampoco pueden venir a este curso”.

“Tenemos mucho miedo a los talibanes en esta escuela en casa, pero venimos a escondidas a diferentes horas del día -sonríe-, a veces por la mañana, otras por la tarde, por lo que los talibanes no saben que seguimos viniendo”, relata Dakia.

REFUERZOS

Una nueva profesora se acaba de unir al grupo: Feroza. Es su primer día en la escuela clandestina y está decidida a comenzar a dar clases de inglés. Necesitan de su apoyo porque cada vez “menos maestras tienen el coraje de venir debido a los talibanes”.

Feroza enseñaba en un colegio privado a niñas pequeñas, algo en un principio dentro del estrecho margen permitido por los islamistas el pasado 18 de septiembre cuando se reabrieron las aulas para los niños de todas las edades y las niñas de primaria, pero en su centro le pidieron que no regresara.

Una de las estudiantes del aula clandestina, Atfa, de 17 años e hija de Kohistani, se muestra combativa como su madre y dice que no es justo que no puedan estudiar.

“Los talibanes solo permiten a los niños ir a la escuela, pero no a las niñas. Dicen que las niñas simplemente deben quedarse sentadas en casa, mientras los niños pueden ir a trabajar, trabajar e ir a la escuela”, denuncia.

Este nuevo régimen islamista en el poder desde el pasado 15 de agosto mantiene lejos de las escuelas a cerca de 1,1 millones de afganas, a la espera de que redacten una supuesta guía de actuación que se lo permita dentro de los límites de la sharía o ley islámica.

Ante esta situación, la misión de la ONU en Afganistán (UNAMA) denunció esta semana que “las mujeres y las niñas en particular han asistido a una erosión de sus derechos” bajo el régimen talibán, y subrayó que “los principios de igualdad y no discriminación son fundamentales para el disfrute de los derechos humanos por todos”.

LOS TALIBANES SE DEFIENDEN

Uno de los principales líderes talibanes, en un encuentro informal con Efe, aseguró que las niñas de secundaria ya están yendo a la escuela en 22 de las 34 provincias afganas -algo que rechazan las profesoras cuando se les pregunta-, y que necesitan recursos para poder enviar a todas las jóvenes a la escuela.

“Nunca dijimos que no les permitiríamos ir al colegio, ¿acaso lo dijimos alguna vez?”, subraya en su despacho en un ministerio de Kabul, sin ninguna mujer a la vista.

Tampoco lo dijeron durante el anterior régimen talibán entre 1996 y 2001, prometiendo con frecuencia que “pronto” se reabrirían las escuelas femeninas cuando finalizaran ciertos preparativos, pero durante esos cinco años las niñas se vieron privadas de educación.

Kohistani puntualiza, sin embargo, en una concesión al actual régimen, que por fortuna estos islamistas no son los mismos que los de entonces, que “tenían unas reglas muy estrictas, e incluso una mujer no podía salir de la casa (sin la compañía de un varón, algo que ahora sí se permite), y a las chicas no se les permitía alzar su voz porque podría ser oída por un hombre, un crimen entonces”.

“En aquella época tenía 18 años y una vez al día solía salir de casa a comprar algo. En una ocasión, al ver que no llevaba calcetines y tenía los pies al descubierto, me azotaron mucho. No nos permitían incluso sacar las manos fuera del chador. Si lo hacíamos, nos azotaban”, rememora la maestra.

Moncho Torres

Publicidad