Brasilia, 15 jun (EFE).- El sistema penitenciario de Brasil es “costoso, inhumano, degradante e ineficaz”, aseguró este lunes el magistrado Gilmar Méndes durante una audiencia pública promovida por la Corte Suprema de Justicia para debatir la forma en la que se puede garantizar la fiscalización del sistema penitenciario.

“Esta audiencia pública trata de una de las mayores tragedias humanitarias en Brasil”, dijo el magistrado, uno de los once integrantes del Supremo Tribunal Federal (STF), al inaugurar hoy la sesión.

“(…) tenemos un sistema penitenciario sumamente costoso, inhumano, degradante e ineficaz, que solo sirve para denigrar a las personas o insertarlas en el mundo organizado del crimen”, añadió.

La audiencia pública fue convocada por el máximo tribunal para debatir la fiscalización del sistema penitenciario brasileño, el hacinamiento carcelario y la sustitución de la prisión preventiva por la domiciliar para presos que sean los directos responsables por menores de edad o personas con deficiencia.

El beneficio fue concedido en 2018 a las reclusas embarazadas o madres de niños menores de 12 años o con discapacidad.

Esta es la primera vez que se realiza una audiencia pública para discutir una decisión ya tomada por la Corte, mirando hacia su fiscalización y fue convocada por el magistrado Méndes.

Según el magistrado, el sistema penitenciario brasileño es un tema “complejo” en el que se que desconoce la “violación sistemática y generalizada” de los derechos fundamentales, una problemática que no ha sido atendida el Estado y la sociedad.

Para Méndes, el encarcelamiento masivo no ha ayudado a la seguridad pública en el gigante suramericano, ya que ese ha sido el origen de las bandas criminales en el país, las cuales, según el juez surgieron por la “falta de control dentro de las cárceles”.

En su intervención, el magistrado también destacó la “urgente” necesidad de combatir el hacinamiento carcelario en un país que prácticamente duplica su población carcelaria cada década.

Datos oficiales señalan que la población penitenciaria de Brasil creció un 60 % en 10 años. Mientras que en 2009 Brasil tenía 473.626 presos que vivían en un espacio acondicionado para 278.726 internos; para junio de 2019 los más de 750.000 presos estaban recluidos en poco más de 461.000 cupos.

No obstante el número de presos en Brasil puede ser mayor, según cifras de organizaciones no gubernamentales.

Datos divulgados en julio del año pasado por Amnistía Internacional (AI) señalaban que la población carcelaria del gigante suramericano era de 812.000 personas.

Las expectativas para acabar con el hacinamiento no son muy alentadoras en el gigante suramericano, donde el Gobierno espera tener 100.000 nuevas plazas para 2022.

El sistema penitenciario brasileño es considerado por algunas organizaciones internacionales como uno de los “peores” y “más inhumanos” del mundo, debido a los altos índices de hacinamiento y a las pésimas condiciones en la que se encuentran los internos.

Brasil es considerado el tercer país con más reclusos en el mundo, detrás solo de Estados Unidos y China.

El juez también expresó su preocupación por la posible subnotificación de los casos de covid-19 entre los reclusos del sistema penitenciario y citó situaciones degradantes en las cárceles de varias ciudades brasileñas, como Pedrinhas, en Maranhão.

Según el último reporte divulgado por el Consejo Nacional de Justicia (CNJ) para el 2 de junio, Brasil sumaba 449 presos muertos por la covid-19 y 81.214 casos confirmados desde el inicio de la pandemia.