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Jorge Fuentelsaz

EFE/EPA/JALAL MORCHIDI

Tamgounssi (Marruecos), 12 sep (EFE).- Los habitantes de la región marroquí de Asni, una de las afectadas por el terremoto que el viernes dejó más de 2.900 muertos y 5.500 heridos, miran con temor al cielo, que a lo largo de la tarde se ha ido cubriendo de nubes que presagian lluvias.

EFE/EPA/JALAL MORCHIDI

En el pueblo de Tamgounssi, Adbelatif termina de cubrir con plástico la jaima en la que esta noche dormirá con su familia.

Explica a EFE que llevan desde el viernes viviendo fuera de su casa por miedo a que se derrumbe y que hasta ayer durmieron con otras familias, pero hoy, por fin, han levantado dos tiendas para ellos.

Hafiz Id Addi, otro vecino del pueblo, no duda en enseñar varias de las casas más afectadas por el temblor y da gracias a dios de que en Tamgounssi, según su versión, solo fallecieron dos personas.

Muros venidos abajo que se desparraman por la calle, casas rotas, paredes abiertas: por la parte antigua del pueblo, donde las casas son de adobe y de madera, los daños son más visibles.

Pero también en las construcciones de hormigón y de ladrillo se cebó el terremoto.

Husein muestra la cuadra totalmente hundida y los daños en techos y paredes de distintas estancias. Aunque por el día entran y salen con normalidad, por la noche, asegura, duermen en la calle, donde señala una colchoneta y una manta extendidas al raso.

Pronto, varios vecinos se acercan para mostrar los daños en sus casas y, aunque se abstienen de hacer críticas o señalar culpables, muchos comentan con cierta amargura que todavía no han recibido ayuda.

Mientras poco a poco intentan volver a alguna normalidad, en un centro de beneficencia del pueblo descargan un camión con alimentos.

Said Atarais, responsable de la asociación benéfica bautizada con el mismo nombre que la localidad, explica a EFE que ahora están descargando comida que una cadena humana trasporta desde un camión a la sede de la asociación.

Pero el sábado y el domingo, insiste, la prioridad fue proveer al pueblo de agua y a la gente de mantas y tiendas donde resguardarse, porque tras el temblor se cortó la electricidad y el suministro de agua potable por muchas horas.

Ahora, la preocupación son las lluvias, que según el servicio meteorológico marroquí caerán a partir de mañana miércoles en el Alto y Medio Atlas, y el jueves y viernes continuarán especialmente en las regiones de Al Haouz, las más azotadas por el seísmo. Podrían causar más desprendimientos y convertir todo el adobe caído de las casas en barro.

Desde un tejado al que invitan a subirse tres jóvenes de la aldea, se ve la destrucción del pueblo y las poblaciones que brotan en las laderas de las montañas cercanas. En todas son perceptibles decenas de tiendas de campaña donde buscan cobijo los afectados y que da un amargo colorido a la tragedia ocre de estos pueblos castigados de las montañas del Atlas.

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