Río de Janeiro, 29 dic (EFE).- Salir de la recesión, frenar la inflación y hacer bajar el desempleo son algunos de los retos económicos de Brasil en 2022, pero también reducir la actual polarización ante las elecciones presidenciales de octubre, que impacta en el resto de desafíos.

SALIR DE LA RECESIÓN

Tras la histórica retracción económica provocada por la pandemia en 2020, cuando el PIB brasileño se contrajo un 3,9 %, Brasil terminará 2021 con un crecimiento del 4,5 %, según las últimas proyecciones. Pero esa recuperación no fue sustentable y el país entró en recesión técnica en septiembre al encadenar dos trimestres seguidos de crecimiento negativo.

La previsión de los economistas es que el crecimiento de la mayor economía de América Latina se limitará al 0,5 % en 2022, aunque algunos analistas, como los del banco Itaú, ya prevén que Brasil sufrirá una nueva recesión el próximo año y que el país seguirá sin recuperarse de la recesión histórica que sufrió en 2015 y 2016.

FRENAR LA INFLACIÓN

Las últimas proyecciones del Banco Central indican que Brasil terminará 2021 con una inflación del 10,2 %, la mayor desde 2015 (10,67 %), y que la tasa doblará la meta que el Emisor se impuso para el año, que es del 3,75 % con un margen de tolerancia de 1,5 puntos porcentuales, es decir que podía llegar hasta un máximo de 5,25 %.

Con la inflación aún presionada por el aumento de los precios de la gasolina, que saltaron un 50,7 % en el último año, y de las tarifas de energía, uno de los mayores desafíos para Brasil en 2022 es frenar la tasa, hacerla converger con la meta ya trazada por el emisor y que le permite variar entre 2 % y 5 %, e impedir que su escalada continúe reduciendo el poder de compra de la población.

REDUCIR EL DESEMPLEO

Pese a que la tasa de desempleo en Brasil ya cayó desde el récord del 14,9 % de la población activa registrado en marzo hasta el 12,6 % en septiembre, el índice se mantiene en un nivel aún muy elevado, por encima del que tenía antes de la pandemia y muy arriba del promedio de los últimos veinte años (9,7 %).

Aunque la generación de empleo depende de la propia recuperación de la economía, el gigante latinoamericano necesita herramientas alternativas para incentivar la creación de puestos de trabajo y atender a los cerca de 13,5 millones de brasileños que estaban desempleados hasta septiembre.

EVITAR UN APAGÓN O EL RACIONAMIENTO

Brasil enfrentó en 2021 la mayor crisis hídrica en los últimos 91 años, que secó las represas de las hidroeléctricas (responsables por casi el 70 % de la energía generada por el país) y puso al país ante el riesgo de un apagón o de un racionamiento eléctrico.

Ese riesgo permanece, ya que las presas continúan con sus aguas en niveles mínimos, por lo que un importante desafío para Brasil en 2022 es adoptar nuevas medidas que permitan elevar la generación a partir de fuentes alternativas de energía y evitar las sobrecargas.

REDUCIR LA POLARIZACIÓN ANTE LAS PRESIDENCIALES DE 2022

Brasil comienza 2022 total y peligrosamente polarizado ante las elecciones presidenciales de octubre, para las que el expresidente Luiz Inácio Lula da Silva es señalado como favorito por los sondeos (42 %), seguido por el actual jefe de Estado, Jair Bolsonaro (25 %), y su principal desafío es impedir la radicalización de los polos.

Pese a la amplia ventaja del líder izquierdista, su índice de rechazo también es muy elevado (40 %), aunque no tanto como el del líder ultraderechista (60 %), lo que pone en duda la capacidad de ambos de vencer a un posible tercer candidato alternativo en una eventual segunda vuelta.

Pero hasta ahora no ha aparecido ningún candidato que se muestre capaz de aglutinar el centro y surgir como alternativa a la polarización, lo que ha avivado el radicalismo en Brasil, hace temer una campaña con manifestaciones violentas y de odio, y agrava aún más la incertidumbre política.

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