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Los Ángeles (EE.UU.), 24 nov (EFE).- Han pasado 75 años desde aquel 24 de noviembre en el que surgieron “Los Diez de Hollywood”, un grupo de productores, guionistas y directores perseguidos e incluso encarcelados por el Congreso de los Estados Unidos debido a sus ideales políticos.

Corría el año 1947 y la incipiente Guerra Fría enfrentaba a la Unión Soviética y a EE.UU. en materia económica, política e ideológica hasta unos niveles tan exacerbados que el campo del cine no iba a quedar exento de investigaciones en torno a posibles conspiraciones.

Así, un grupo de personalidades de la industria “hollywoodiense” fue llamado a testificar ante el Comité de Actividades Antiestadounidenses (HUAC, por sus siglas en inglés) por desempeñarse supuestamente como correas de transmisión comunistas o espías soviéticos.

Sin embargo, diez reconocidas figuras del séptimo arte en la época se negaron a presentarse ante el tribunal en un gesto que supuso un acontecimiento histórico y marcó lo que se conoce como el inicio de “La lista negra de Hollywood”.

La HUAC había iniciado sus actividades en 1934 para investigar presuntos casos relacionados con la propaganda nazi y no fue hasta 1945 cuando se convirtió en un comité permanente con el propósito de cazar a sospechosos que pudieran poner en jaque atacar al gobierno estadounidense.

Alvah Bessie, Herbert Biberman, Lester Cole, Edward Dmytryk, Ring Lardner Jr., John Howard Lawson, Albert Maltz, Samuel Ornitz, Adrian Scott y Dalton Trumbo fueron los diez directores, guionistas y productores que se negaron a dar su testimonio y, como consecuencia de ello, fueron encarcelados con una breve condena de prisión.

“¿Por qué no respondió a la pregunta con un sí o un no como se le exigía? Porque queríamos impugnar el derecho del comité a hacer esas preguntas”, afirmó Trumbo en el documental “The Hollywood Ten” estrenado tres años más tarde.

En dicha producción, los diez implicados expusieron su carrera, explicaron sus razones, denunciaron las acciones de la administración estadounidense para “coartar su libertad de expresión” y se refirieron a lo que les había sucedido como “una forma legal de linchamiento”.

Aunque los directores fueron liberados, muchos de ellos quedaron vetados de la industria después de haber tenido prolíficas carreras y proyectos, mientras que otros pocos persistieron en su quehacer bajo el anonimato.

Un caso notable es el de propio Trumbo -autor de guiones de filmes como “Exodus” (1960), “Papillion” (1973) o “Spartacus” (1960)- quien fiel a sus ideales pasó once meses en prisión y vivió su exilio en México, donde continuó escribiendo bajo diferentes pseudónimos.

Por su trabajo en las producciones “El Bravo” (1966) y “Roman Holiday” (1953), Trumbo fue galardonado en dos ocasiones con el Óscar.

Sin embargo, la Academia de Artes y Ciencias Cinematográficas oficializó su primera estatuilla en 1975, un año antes de su fallecimiento, y haría lo propio con la segunda ya en 1993.

Este acontecimiento fue el principio de una serie de persecuciones políticas que después fueron conocidas como “la caza de brujas” y el Macartismo, haciendo referencia al trabajo del senador Joseph McCarthy, quien comenzó una persecución política de posibles comunistas infiltrados en el gobierno.

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