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Atem Simón Mabior

Yuba, 15 mar (EFE).- Bien como fontanero, peluquero o taxista, los sudaneses que huyeron de la guerra, que comenzó justo hace once meses, se buscan la vida en Sudán del Sur donde pueden. Pese a que los dos países fueron sólo uno y se separaron, ahora vuelven a unirse para ayudarse mutuamente.

Desde la ciudad de Yuba, capital de Sudán del Sur, el sudanés Mohammed Adam Abkar, de 42 años, ha encontrado su refugio tras huir hace seis meses de Wad Madani, la considerada ciudad-refugio en Sudán hasta que los paramilitares de las Fuerzas de Apoyo Rápido (FAR) se la arrebataron al Ejército en la guerra que libran desde el 15 de abril de 2023.

“Gracias a Dios, he encontrado una oportunidad con un fontanero a quien ayudo, por lo que pude inscribir a mis hijos en el colegio y de vez en cuando mando algo de dinero a mi familia en Sudán”, contó a EFE Abkar.

Este padre de familia es uno de las casi 595.000 personas que han llegado a Sudán del Sur desde abril de 2023 procedentes de Sudán, según la Agencia de la ONU para los Refugiados (ACNUR), por una guerra que ha provocado 13.900 muertos en once meses.

Sudán del Sur, que sufre una de las peores crisis humanitarias del planeta, es uno de los países que más ha acogido a sudaneses huidos de la guerra, después de Chad y por delante de Egipto.

Ganarse la vida fuera de su país en guerra

Foto archivo. Campamento de la ONU de Tomping, en Yuba (Sudán del Sur). EFE/Jm Lopez

Abkar llegó junto a su mujer y tres hijos a Sudán del Sur a través del paso de Renk, el cruce fronterizo que se ha convertido en la escapatoria de los sudaneses hacia el sur, y de ahí fue trasladado al campamento de Gorom, erigido por el Gobierno sursudanés en colaboración con organizaciones humanitarias, situado a unos cinco kilómetros al oeste de Yuba.

“Nos llevaron al campamento de Gorom donde un gran número de refugiados sudaneses están presentes, encontramos refugio y alguna ayuda alimentaria, pero no era suficiente”, afirmó

“Mis hijos necesitan ir al colegio sudanés en Yuba, el resto de mi familia en Sudán necesita ayuda, por lo que decidí buscar trabajo para hacerme cargo de los gastos”, explicó.

Al igual que Abkar, la joven Bahja Osman Jabir, de 31 años, trabaja en lo que mejor se le daba: la peluquería y estética.

Con sus manos con las que realiza dibujos de henna y prepara perfumes, ha logrado ganar un dinero en varias peluquerías en mercados locales que han ayudado a que su marido pudiera abrir una tienda pequeña para vender bocadillos y una vivienda.

“La mayoría de las peluquerías siguen la manera sudanesa de belleza”, dijo a EFE, y en dos meses se labró una fama en dibujar “henna y preparar los perfumes sudaneses, de ahí, me hice casi independiente, realizo pedidos para ocasiones especiales”.

Expresó aliviada, tras huir el pasado julio de Sudán, que esto le ayudó a “conseguir una casa y ayudar” a su marido y, al fin, puede decir: ahora estamos en una buena situación, gracias a Dios”.

La vida en el campamento

Foto archivo. Refugiados descansan en el campamento de la ONU de Tomping, en Yuba (Sudán del Sur). EFE/Jm Lopez

Ambos sudaneses forma parten de la minoría sudanesa que ha dejado el campamento de Gorom y han conseguido un espacio en los barrios de Yuba, donde también hay profesores de universidad y sanitarios que fueron contratados por las instituciones sursudanesas.

Pero la gran mayoría vive en Gorom, como el joven Mohamed Osman, de 28 años, que conduce una motocicleta “boda boda”, que funciona como transporte público en la capital, tras huir del estado de Darfur hace cuatro meses, una de las regiones más castigadas del país africano y también controlado por las FAR.

“Pienso comprarme una motocicleta para poder alquilar una pequeña casa en un barrio de Yuba y ayudar a mi hermana para que estudie, así como traer parte de la familia a Sudán del Sur”, relató Osman, que agradeció que la situación en Yuba “está bien, no hay discriminación”.

Recalcó también que depender de la ayuda presentada en el campamento “no es suficiente”, sino que “hay que trabajar para cubrir tus necesidades”.

Por su parte, el ministro de Asuntos Humanitarios de Sudán del Sur, Albino Atak Akol, afirmó a EFE que desde que estalló la guerra en Sudán “unas 500.000 sudaneses se refugiaron en Sudán del Sur” a través de los tres pasos fronterizos de Renk, en el norte del estado del Alto Nilo; Wau, en el oeste de Bahr Al Ghazal; y Awiel,en el norte del mismo estado.

Por otro lado, el encargado del campamento de Gorom, Richard Ladu Sebit, indicó a EFE que en el campamento hay unos 100.000 sudaneses, “gran parte de ellos están con sus familias de cinco miembros máximo”.

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