Nueva York, 12 dic (EFE).- La virgen de Guadalupe y el indio Juan Diego llegaron este domingo a Nueva York, en un largo viaje desde México, tras “cruzar la frontera”, y fueron recibidos con gran fervor, alegría, antiguas danzas y música por la comunidad mexicana en esta ciudad, que celebró así el día de la patrona de su país, a la que agradecen y piden favores.

“¡Que viva la Guadalupe, que viva Juan Diego, que vivan los inmigrantes!” gritaron con fuerza en el famoso Parque Central un numeroso grupo de mexicanos, muchos de los cuales usaban una sudadera blanca con la imagen de la virgen, a quienes no importó la temperatura gélida que se sentía hoy en la ciudad para rendir tributo a la “virgen morena”.

El parque, donde se escuchaba música de mariachis en tributo a la virgen, recibió hoy a los corredores que llegaron con la Antorcha Guadalupana, que salió de la Basílica de la Guadalupe en México el 5 de septiembre, un trayecto que incluyó nueve estados en ese país y catorce en Estados Unidos, un evento que nació en la Gran Manzana.

El evento, organizado por la Asociación Tepeyac en Nueva York, cumple este año su 19 aniversario y no se realizó el pasado año debido a la pandemia de la covid-19.

Gigantescas imágenes de la “virgen morena” y Juan Diego acompañaron la Antorcha en su viaje, en el que participaron 7.000 corredores en relevos, encabezados por Lucía Romero Anides, que la ha cargado con orgullo durante los últimos 11 años.

La mexicana de 63 años dijo a Efe que lo hace por su hijo, quien fue inmigrante en este país, donde vivió por cinco años y que murió en un accidente dos meses después de regresar a México.

“Para mi (la antorcha) es un símbolo de unión, de esperanza, de amor”, comentó Romero Anides, que como todos los devotos de la Guadalupe, tenía sus pedidos para la también patrona de América.

“Le pido salud para mi y todos los que estamos pasando por esta pandemia, por los que han muerto y los que están en un hospital”, dijo la mexicana.

Indicó además que durante el largo viaje enfrentaron las inclemencias del tiempo, pero también encontraron en cada estado “mucho fervor y el amor a la virgen de familias que no han podido regresar a sus países, no importa cuál, porque la virgen no distingue, les ama a todos”.

“Y como no han podido regresar, ella vino a encontrarse con ellos”, afirmó en el día de la Virgen de Guadalupe, que surgió luego de que, según una leyenda, se apareció al indio Juan Diego en el Cerro del Tepeyac, en 1531.

Las imágenes fueron colocadas en una tarima de conciertos en una plaza en el parque donde un grupo de baile les rindió tributo con una antigua danza azteca del centro del país, mientras los mexicanos de todas las edades, algunos con niños vestidos como Juan Diego, iban pasando frente a éstas y les tocaban con gran devoción.

“La danza es una forma de agradecer, de rezar para nosotros. Estamos dejando nuestro sudor, nuestro cansancio y nuestros sueños también ahí porque nos levantamos temprano a trabajar”, comentó a Efe Enriqueta Rosales, integrante del grupo de danza.

Dos danzantes tomaron dos vasijas, una con fuego y otra de la que salía humo, y las elevaron frente a las imágenes. “Se les pidió permiso para que se nos permitiera danzar y al final lo mismo para agradecerles”, agregó Rosales.

Las imágenes y la antorcha fueron cruzadas a EE.UU. por miembros de la Patrulla de Fronteras, hijos de inmigrantes mexicanos que participan en la carrera y las llevaron hasta el cementerio donde están sepultados emigrantes que murieron en el desierto cuyos nombres se desconocen, en California, y allí las entregaron a otros corredores, comentó a Efe Joel Magallán, director de la Asociación Tepeyac.

La virgen escuchó este año pedidos por la salud, de gracias por haber sobrevivido a la pandemia y, como cada año, por una reforma migratoria que legalice a millones de inmigrantes.

Ruth E. Hernández Beltrán

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