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Ciudad Juárez (México), 18 sep (EFE).- La presencia y acoso de delincuentes mexicanos en la frontera con Estados Unidos provocó este lunes que unos 300 migrantes movieran su campamento del lecho del río Bravo (río Grande en EE.UU.) y se instalaran en territorio estadounidense.

Un grupo de migrantes permanecen a un costado de la frontera con Estados Unidos vigilada por personal de la Guardia Nacional hoy, en Ciudad Juárez, Chihuahua (México). EFE/Luis Torres

En el lugar levantaron improvisadas tiendas de campaña con la barricada de alambre de navajas, y otros más llegaron hasta el muro donde hicieron una enorme fila e instalaron algunas techumbres con cobertores y frazadas.

Un grupo de migrantes permanecen a un costado de la frontera con Estados Unidos hoy, en Ciudad Juárez, Chihuahua (México). EFE/Luis Torres

“Es como un campamento de espera, no de vivir, como que esperan cierta hora en la noche o cuando creen que puedan pasar rápidamente”, contó a EFE Arturo David Guerra Matei, un venezolano que lleva dos meses y medio varado en Ciudad Juárez.

Explicó que muchos migrantes que estaban en el lecho del río se dispersaron para evitar ataques de bandas y delincuentes mexicanos.

Contó que ante los ataques, muchos otros migrantes decidieron apresurarse a cruzar el pequeño cauce (dos metros de ancho) del río Bravo, hasta pegarse a la barricada de alambre de navajas donde ya es territorio estadounidense y con eso se sienten más seguros, mientras que otros llegar hasta el muro.

“Del mismo país, delincuentes mexicanos, empezaron a tirarles piedras y a robarles el agua por eso se dispersaron, yo creo que está un poco difícil cruzar ahorita”, agregó el migrante.

Ante ese escenario, el venezolano dijo que va a esperar su cita. “Irse así es más riesgoso, te van a tener ahí todo el día desde las 03.00 horas hasta la tarde, te puedes deshidratar y no es seguro que nos van a dejar pasar”.

Los cientos de migrantes instalaron hace días el campamento en el lecho del río, frente a la puerta 28, a la altura de la escultura “La X”, ubicada en la Plaza de la Mexicanidad en la fronteriza Ciudad Juárez.

Cruzan a todas horas

A todas horas se ve cómo se desprenden del campamento grupos de más de 10 migrantes que caminan entre la maleza y luego cruzan por huecos que hacen en la barricada de alambre de navajas ante la imposibilidad de la Guardia Nacional de Texas de detenerlos.

Luego suben hasta el pie del muro, donde han formado una fila que inicia en la puerta 28, donde esperan a que los ausentes agentes de Migración de Estados Unidos los detengan y los lleven a un centro de detención para iniciar su proceso.

Este lunes durante toda la mañana, agentes del Instituto Nacional de Migración no aparecieron cerca de esa puerta donde se concentra el campamento migrante, por lo que la vigilancia de la frontera quedó totalmente en manos de la Guardia Nacional de Estados Unidos.

Ante la entrada de cientos de migrantes que se meten por debajo de los alambres de navajas, la Guardia Nacional modificó su estrategia y colocó un agente cada cien metros a lo largo del río fronterizo, pero los migrantes seguían cruzando.

Aarón Marín, otro venezolano que llegó a Ciudad Juárez la semana pasada por tren creyendo que la frontera es segura, decidió no arriesgarse y esperar su cita a través de la aplicación CBP One, que es la forma oficial de entrar legalmente a Estados Unidos.

“Nos dijeron que es la frontera más segura pero no es como uno lo ve realmente. Se ha hecho muy fuerte la travesía, muchas complicaciones en el camino, ahora falta menos, pero hay que esperar ahora la cita para poder seguir adelante y tener un camino mejor”, dijo en entrevista con EFE frente a la catedral, donde les dan de comer y les ubican en albergues.

“Todos los albergues también están ‘full’, un techito por lo menos para dormir y pasar la noche. Nosotros nos quedamos aquí, estamos viendo si hay algún trabajito”, agregó Marín.

El hecho refleja una nueva oleada migratoria en México, donde el flujo migratorio que pasa por el país hacia Estados Unidos ha repuntado tras la caída inicial que provocó en mayo pasado la expiración del Título 42 estadounidense.

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