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Ciudad de México, 24 mar (EFE).- El noveno y último festejo del Serial de Reapertura de la Monumental Plaza México finalizó con dos orejas para el novillero mexicano Emiliano Osornio, mientras que sus compatriotas Eduardo Neyra y Luis Ángel Garza no obtuvieron apéndice.

Los novillos de Villar del Águila fueron mansos, salvo el noble cuarto y de desigual presentación. Se registró más de un cuarto de entrada.

Tras el bochorno del indulto el domingo pasado en la corrida de rejones, el cierre del serial presenció una puerta grande para un novillero que apenas completó un pase.

La buena noticia de las magníficas entradas esconde un auténtico peligro para la esencia de la tauromaquia.

El juez de plaza que debe aplicar los principios básicos del arte de cúchares volvió a delegar su función en la opinión de un público neófito.

Emiliano Osornio, aparte de dos buenas estocadas, no completó una tanda y en casi todos los pases se quitó ante el más mínimo peligro. Cabe señalar, en su descargo, que le tocaron en suerte dos mansos.

El primero fue un ejemplar de feas hechuras. El animal recortaba la embestida con sentido. Osornio citó con la muleta por bajo y se enredó abruptamente en cada pase para quitarse de encima al Villar del Águila.

Resultado comprensible por la falta de casta del novillo. Lo fuera de lugar eran los oles de gran parte de los presentes en cuanto el animal se arrancaba. Oles que se tornaban eufóricos cuando Osornio se quitaba.

Una buena estocada facilitada por la ausencia de trapío del novillo facilitó una injustificable oreja. Un quinto bien presentado fue devuelto a corrales por inválido.

En su lugar salió un cárdeno de buena estampa y manso que se venía encima del novillero a medio viaje.

Se vio de nuevo a Emiliano Osornio porfiar sin decisión ni sitio, lo cual hizo más peligroso al bovino.

Estuvo muy cerca de recibir una cornada al ser suspendido en el aire por el astado que lo prendió de las costuras traseras del pantalón cuando huía.

Finiquitó sin error y la insistencia de los presentes le abrió una puerta grande de muy pequeño significado.

Eduardo Neyra dio vuelta al ruedo. Fue tras un novillo con seria estampa el cual mostró buenas señales desde el inicio de su faena.

Más noble que bravo puso fácil las distintas suertes y tercios. La fase de muleta la realizó Eduardo en buen sitio y disposición. Cargó la suerte al natural y logró dos pases de importancia.

Una lástima que dudase y no tragase para completar la tanda. Pecó toda su presentación de prevenido. Hubo silencio de los tendidos ante los buenos momentos del novillero.

Neyra escuchó muchos y merecidos reproches por su errático quehacer ante una res de tanta bondad. Acertó con el acero y no le faltó su apéndice, otorgado entre muchas protestas.

Antes con un abre plaza correctamente presentado, que calibraba al embestir, Eduardo Neyra sufrió desde el capote.

Con la muleta tanteó como única propuesta. La puso siempre a distancia y corrigió la posición en cada embestida. Pudo en cambio matar al primer intento.

Luis Ángel Garza hizo su debut en la Plaza México y fue de menos a más con el cierra plaza. Supo obligar al manso citando al natural con valor y de frente.

A pesar de ser la faena más interesante de la novillada no logró aprecio de los aficionados.

Otro mal síntoma para acabar el ciclo que devolvió las corridas a la Plaza México después de casi dos años de haber sido prohibidas en la capital del país.

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