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Ciudad de México, 5 feb (EFE).- En la Corrida del 78 Aniversario de la Plaza México, el rejoneador español Pablo Hermoso de Mendoza cortó dos orejas y los toreros a pie mexicanos, Ernesto Javier ‘El Calita’ y Arturo Gilio, recibieron un apéndice cada uno.

El torero mexicano Ernesto Javier Tapia, "El calita" lidía a su primer toro de la tarde "Miguel" de 495 kg hoy, durante la corrida del 78 aniversario de la Plaza de Toros México, en Ciudad de México (México). EFE/Mario Guzmán

Por su parte, los toros de ‘Los Encinos’ fueron escasos de trapío y descastados en general, con un público de 42.000 espectadores, quienes llenaron la Monumental de la Ciudad de México.

El torero mexicano Ernesto Javier Tapia, "El calita" lidía a su primer toro de la tarde "Miguel" de 495 kg hoy, durante la corrida del 78 aniversario de la Plaza de Toros México, en Ciudad de México (México). EFE/Mario Guzmán

Pobre encierro de ‘Los Encinos’ en cuanto a presentación y juego. En el caballo solo recibieron picazos en vez de puyazos.

El jinete español Pablo Hermoso de Mendoza obtuvo por su despedida una puerta grande, tras haber ofrecido unos pocos detalles del rejoneador que fue y aplicar una gran estocada como únicos argumentos.

Sucedió con un buriel postrero, al que el navarro dejó llegar con resultado dispar. Las banderrilas erráticas y los lentos quiebros se mezclaron con instantes de riesgo.

Sonó la pieza ‘Las Golondrinas’, melodía de la Plaza México para decir adiós, acompañando el lleno rotundo en el coloso taurino de la capital de México y honrando al rejoneador.

Con su primero del sorteo, Hermoso de Mendoza, no ajustó nunca grupa y astas.

Toreó de lejos y adornó desacertadamente, recibiendo tibios aplausos al desmontarse.

Los pasajes hondos llegaron de la mano de Ernesto Javier ‘El Calita’ en sus dos faenas.

La oreja que cortó pertenecía al segundo del festejo, un toro pasado de kilos que emplazó con una puerta gayola. Nervioso, como todo su pasaje de capote.

A pesar de ello, con las chicuelinas fijó al manso que luego rehuyó notoriamente del castigo.

Siguió ‘El Calita’ con un punto excesivo de emotividad. Con la mano derecha anduvo perdido.

Calmó su ansia de satisfacer a neófitos, caballistas y eventuales desmayando la muleta desnuda con su mano siniestra, cruzándose con su cuerpo y ofreciéndose de frente al animal al que sometió, haciéndolo tomar la tela mientras se rozaba con el traje de luces.

Fueron tres tandas que el bovino afeó por su mansedumbre y aun así lo mejor de la feria.

Calmado, gracias a la ortodoxia, se tiró a matar dejando una certera estocada que le valió una oreja.

De nuevo la pureza y el sitio fue el argumento de ‘El Calita’ con su siguiente toro.

La falta de seriedad del de ‘Los Encinos’ se transmitió a las cuadrillas, tanto en el tercio de varas como en banderillas, pues cuando no trotaba agónicamente se caía.

‘El Calita’ supo, sin prisas, cargando en todo momento la suerte, no solo mantenerlo en pie, sino lucirlo en tandas con pases de mucho temple.

Con la mano izquierda, la notable embestida se abroncaba y el diestro no cesó hasta templarla.

Terminó empatizando con los tendidos a base de circulares, incluso bernardinas, pero sin recurrir ni una sola vez a desplantes con un mustio ejemplar al que meritoriamente exprimió su punto de nobleza.

Mató de gran estocada, volcándose, al segundo intento. Saludó al tercio.

Confirmaba Arturo Gilio, tocándole en suerte el mejor ejemplar de la tarde.

La tabla marcaba 485 que correspondía a sus reducidas dimensiones bien compuestas.

Inició Gilio ajustándose con medias verónicas. El toro mostró desplazamiento y casta, pero también algo de debilidad en las patas delanteras.

La fase de muleta la realizó Gilio con el pico, perdiendo el paso, desperdiciando la transmisión de la res.

Sucedió igual con la mano izquierda, no fue capaz de ligar dos pases quietos y, en su haber positivo, insistió al natural.

Finalizó aprovechando el viaje y sacando lustro a una tanda y pases de pecho.

Acabó suelto el toro. El torero lo hizo paseando a su alrededor.

La estocada desprendida precedió a una oreja que no debió ser.

Con el quinto, casi inválido, el confirmado hizo lo que pudo dentro de sus posibilidades y de nuevo acertó con el acero.

Borja Ilián

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