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Amaya Quincoces Riesco

Redacción Medioambiente, 4 dic (EFE).- ¿Plantar árboles es la solución a la crisis climática global? Una de las claves para neutralizar el CO2 de la atmósfera es compensar emisiones con acciones ambientales pero de forma controlada: la reforestación masiva, lejos de ser la solución, puede agravar el problema y ahondar en el colonialismo verde.

Los árboles absorben dióxido de carbono, el principal causante de la crisis climática global por el efecto de la actividad humana, pero la reforestación sin control, sin planificación, puede tener un impacto indeseado sobre la biodiversidad de los ecosistemas y las comunidades que habitan en ellos.

A día de hoy, los bosques, es decir, los ecosistemas terrestres en el mundo, absorben alrededor del 30 % de las emisiones de CO2 en la atmósfera, a lo que se suma un 20 por ciento por parte de los océanos.

La idea de una reforestación masiva a escala planetaria como se ha auspiciado en los últimos años desde ciertas instancias internacionales “no solo sería inútil, sino contraproducente”, asegura a Efe el ingeniero de Montes Víctor Resco de Dios, profesor de ingeniería forestal en la Universidad de Lleida, en España.

Coincidiendo con la cumbre climática mundial, la COP28, en Dubái, este científico, que además es doctor en Ecología por la Universidad estadounidense de Wyoming, ha advertido de que “queda muy bien” de cara a la galería “lo de hablar de plantar árboles en Kenia u otros países de África”, pero el efecto puede causar “un verdadero ecocidio”.

En la sabana africana, que es típica de latitudes intertropicales, con una vegetación de pastizales y árboles pequeños de escasa densidad, la idea de una reforestación masiva transformaría por completo los ecosistemas.

Las consecuencias serían “demoledoras” para la biodiversidad y las comunidades que habitan en ellos, advierte el experto, que es además autor del libro “Ecomitos. Los bulos ecológicos que agravan la crisis ambiental”, que se publicará en enero y en donde el investigador reflexiona sobre la verdadera forma de ayudar al planeta en nombre de la ecología.

“Cuando se hace una reforestación pasan veinte o treinta años hasta que se convierte en sumidero neto de carbono”, asegura el científico.

“Al plantar árboles se remueve y airea el suelo emitiéndose CO2 a la atmósfera. Por ello, una reforestación a corto plazo es una fuente de CO2. Solo pasadas dos o tres décadas es cuando los árboles ya grandes pasan a convertirse en sumidero de carbono”, según el experto.

“Con las emisiones de combustibles fósiles se desentierra carbono de las capas geológicas de la tierra en forma de petróleo y se emite a la atmósfera”. Al plantar árboles no se devuelve ese CO2 al terreno: el sumidero es transitorio porque se puede quemar y descomponer, advierten los expertos.

Por eso, desde amplios sectores de científicos vienen reclamando la necesidad de acciones compensatorias de las emisiones de CO2 de forma ordenada y planificada para evitar el deterioro de los ecosistemas.

En los mercados voluntarios de carbono se adquieren créditos de carbono destinados a financiar proyectos sostenibles, la mayoría de reforestación de terrenos afectados por la desertificación o incendios, mediante un sistema que funciona en paralelo a los mercados regulados obligatorios para compensar emisiones, y que atrae progresivamente a más entidades.

Una vez conocida la huella de carbono, muchas organizaciones se están embarcando en proyectos ambientales para neutralizar sus emisiones de CO2; el problema es que algunas compensan sus emisiones con acciones fuera de sus fronteras que pueden ser arbitrarias mientras siguen contaminando en sus territorios para mantener la producción.

“Existe una especie de colonialismo verde” en el tema de la compensación de carbono, según el científico Resco de Dios. Por un lado se ejecutan proyectos verdes en un lado del mundo y en otra parte del planeta se mantienen las emisiones.

Los datos avalan además que la absorción de dióxido de carbono de los bosques en el mundo no sería ilimitada. En el caso hipotético de una reforestación masiva a escala planetaria en la que se transformaran en bosques muchísimos parajes que originariamente no lo son, lo que se absorbería en el mejor de los casos, sería un 10 % del total mundial de CO2.

“El efecto sería más bien limitado a la hora de neutralizar el dióxido de carbono”, precisa el experto.

Por otra parte, la experiencia ha demostrado además que no suelen monitorizarse ni vigilarse esas plantaciones masivas de árboles en proyectos de reforestación de forma arbitraria para compensar emisiones.

Además, suelen ser pasto de llamas de incendios por la falta de cuidados y por desarrollarse a menudo los proyectos en zonas erosionadas de escasez de agua y temperaturas altas.

En muchas partes del mundo, como en España, se están viendo “eventos de mortalidad cada vez más importantes” de los bosques. “Los recursos se deberían priorizar para la gestión de los ecosistemas que ya tenemos, para asegurarnos de que siguen ejerciendo como sumidero de carbono”, concluye el experto.

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