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Tiflis, 2 abr (EFE).- La capital georgiana tiene una máquina del tiempo en las rejas que desde mediados del siglo XIX adornan muchos de sus edificios, testimonio en hierro forjado del momento histórico en que la ciudad comenzó a mirar hacia Europa que ni siquiera el totalitarismo soviético pudo borrar.

“Tengo una costumbre, casi una superstición. Cuando salgo de mi casa por un asunto importante sin falta toco los barrotes de la puerta”, dice a EFE Irma, residente en el antiguo distrito Sololaki de Tiflis.

Yago, un anciano que vive en la primera planta de una antigua casa se muestra orgulloso de su condición de tiflisense y, cómo no, de la reja que adorna la ventana de su vivienda.

“Pasa tu mano por esta flor forjada, no seas tímido”, invita a EFE el hombre, que esboza una sonrisa y añade: “He vivido aquí durante más de 60 años, pero admiro este adorno casi todos los días.

 Yago considera que Georgia es famosa por sus artistas, músicos, escritores y actores porque sabe cómo preservar las tradiciones y transmitirlas de generación en generación.

“¡No puedes evitar escribir poesía cuando ves tanta belleza todos los días!”, asegura.

La modernización llega a Tiflis

La capital georgiana tiene una máquina del tiempo en las rejas que desde mediados del siglo XIX adornan muchos de sus edificios. EFE/ Misha Vignanski

Precisamente, la segunda mitad del siglo XIX fue un punto de inflexión en la historia del desarrollo de Tiflis, pues “fue entonces cuando, en sus formas y contenidos, la cultura georgiana pasó a formar parte de la europea y adopta las tendencias más modernas”, dice al EFE la experta en arte Tamta Shonvadze.

Vivir en Tiflis daba prestigio y las familias pudientes competían en exhibir su riqueza, emulación que se manifestaba de manera más visible en la arquitectura.

“Los portales y ventanas de la antigua Tiflis, ricamente decorados con rejas de hierro forjado, se convierten en las tarjetas de presentación de toda la ciudad y, cómo no, de los propietarios de los inmuebles”, añade Shonvadze.

Estos ornamentos adquieren tal popularidad que proliferan las herrerías especializadas en la forja de rejas.  Y es que la supresión en 1861 de la servidumbre en el Imperio ruso, del que Georgia formaba parte, estimuló el desplazamiento de la población rural a las ciudades y el desarrollo de la industria.

“La nueva cara de la ciudad requería un nuevo estilo, nuevos detalles empezando por los portales, puertas y ventanas, en el que las rejas y la pintura decorativa de las entradas principales de los edificios eran un elemento clave”,  sostiene la experta en arte.

La historiadora Tamara Tavadze destaca que fueron años en los que los tiflisenses comenzaron a hacer suyas las tendencias de la moda europea que llegaban a ciudades ricas del Imperio.

“El estilo occidental se impone y desplaza al oriental a un segundo plano, literalmente. La arquitectura oriental, con su balcones y escaleras, se repliega a los patios interiores, mientras que la occidental conquista las fachadas”, asegura Tavadze en conversación con EFE.

 

La sovietización no puede con las tradiciones

Esta deriva se interrumpió con la revolución bolchevique de 1917 que acabó con el Imperio ruso y en 1921 con la recién creada República Democrática de Georgia, invadida por el Ejército Rojo.

El constructivismo, primero, y luego el realismo socialista llegaron a Tiflis. “Los lujos burgueses y sus adornos se tornaron no solo innecesarios, sino también peligrosos”, añade la historiadora.

Pese a 70 años de sovietización, en Tiflis no se precisa una máquina del tiempo para retroceder dos siglos; basta dar unos pasos desde la Plaza de la Libertad y adentrarse en la ciudad vieja para sumirse en el pasado.

Allí, cual guardianes, las antigua rejas continúan protegiendo los patios de Tiflis y sus secretos. La experiencia es tan vívida que pareciera que en cualquier momento a la vuelta de la esquina saldrá un carruaje tirado por caballos con sus cascos repicando en el empedrado.

“La calidez de esta celosía, que probablemente preserva la memoria de mis bisabuelas y bisabuelos, ayuda. Todo lo misterioso se hace realidad”, señala Irma.

Misha Vignanski

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