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Madrid, 17 ene (EFE).- El director del Museo Reina Sofía de Madrid, Manuel Borja-Villel, no presentará su candidatura para continuar tras quince años en el cargo, según anunció este martes en declaraciones a EFE.

En este tiempo, Borja-Villel se rodeó de “un gran equipo” y una red internacional de colaboradores que convirtieron al centro en un “museo único, con una identidad muy marcada”.

Este jueves, 19 de enero, será su último día al frente de este centro de arte, que acoge obras del siglo XX y contemporáneas, y se abrirá un proceso de selección para escoger al nuevo director el 1 de febrero.

Hasta ahora, Manuel Borja-Villel (1957) había mantenido la incógnita sobre su decisión y se había granjeado numerosas críticas ante la posibilidad de presentarse a la reelección, pese a que entraba dentro de la legalidad.

La decisión, asegura en una entrevista a Efe, estaba tomada desde hacía “bastante tiempo” y tras hablar con su equipo y su familia.

“Las cosas se dicen cuando tocan y tenía decidido desde hace tiempo decirlo en este momento”, señala. No lo quiso decir antes, sobre todo, por no correr el riesgo de que algún proyecto que tenía entre manos no saliera adelante: “Te pagan para trabajar hasta el último día”.

El historiador desvincula tajantemente su decisión de las informaciones publicadas este fin de semana sobre supuestas irregularidades en las dos prórrogas de su contrato (2013 y 2018).

Ambas se hicieron bajo el Gobierno del conservador Partido Popular, fueron avaladas por los ministros de Cultura del momento y contaron en ambos casos con un informe favorable de Abogacía del Estado.

Desde el próximo viernes, el museo comienza el proceso de transición para elegir al nuevo director, que se podría prolongar meses, y mientras tanto quedará en manos de la subdirectora artística y del subdirector gerente.

Durante los quince años que ha estado al frente del Reina Sofía, Borja-Villel ha organizado más de doscientas exposiciones y ha convertido el museo en uno de los más visitados de España (de 1,5 en 2008 a más de 4 millones y medio antes de la pandemia).

Los ingresos propios se han disparado del 5 al 40 % (contando con la donación de obras), ha culminado la adquisición del archivo Lafuente, ha creado una fundación de coleccionistas y ha conformado una red internacional de colaboradores, museos y organizaciones que, a su juicio, ha convertido el Reina Sofía en “un museo único, con una identidad muy marcada”.

También ha recibido numerosas críticas de politizar el museo y tener una visión personalista. Pero su visión, defiende, no es solo suya, también del amplio y diverso equipo que creó a lo largo de estos años.

“Mi mérito es haberme rodeado de un equipo muy bueno de gente, de asesores y de colaboradores extraordinario. En la propia colección se puede ver cómo centro de estudios, exposiciones y redes han trabajado al unísono desde el diálogo y, por supuesto, la discrepancia. Mi logro ha sido haber creado una espacio institucional en el que todas esta voces han convergido”, señala.

“No quería que el museo se convirtiera en una panteón de hombres ilustres -defiende-, sin otros colectivos como las mujeres, los indígenas o los esclavizados. El verdadero reto es que sea un lugar en el que aquellos cuya voz no se haya oído sean escuchados”.

Este sábado viajará a Brasil para comenzar con su nueva etapa como comisario de la bienal del país, con lo que estará ocupado hasta finales de este año. Después, asegura, seguirá aportando al proyecto que ha construido estos quince años aunque “desde otro lugar”.

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