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Dakar, 22 mar (EFE).- Más de siete millones senegaleses elegirán un nuevo presidente el próximo domingo en un país que no sólo posee una de las economías de mayor crecimiento del mundo, sino que tiene previsto convertirse este año en un productor de petróleo y gas.

Los partidarios del candidato presidencial de la coalición del partido gobernante y ex primer ministro Amadou Ba (no en la foto) participan en una caravana de campaña en Guediawaye, Senegal, el 21 de marzo de 2024. Hay más de 7 millones de senegaleses registrados para votar en las elecciones presidenciales del 24 de marzo de 2024. (Elecciones) EFE/EPA/JEROME FAVRE

La votación viene precedida de la grave crisis política provocada por el aplazamiento de las elecciones -que debían haberse celebrado el pasado 25 de febrero- decretado por el presidente saliente, Macky Sall, quien agota su segundo mandato permitido por la Constitución y, por tanto, no concurre a las urnas.

Los partidarios del candidato presidencial de la coalición del partido gobernante y ex primer ministro Amadou Ba (no en la foto) participan en una caravana de campaña en Guediawaye, Senegal, el 21 de marzo de 2024. Hay más de 7 millones de senegaleses registrados para votar en las elecciones presidenciales del 24 de marzo de 2024.(Elecciones) EFE/EPA/JEROME FAVRE

Durante sus doce años en el poder, Sall ha impulsado el desarrollo energético de Senegal, una de las democracias más estables de África occidental, si bien la crisis de la demora electoral, que causó protestas con al menos cuatro muertos, ha minado esa reputación.

Entre 2014 y 2016, Senegal descubrió yacimientos de petróleo y gas que podrían generarle pingües ingresos por exportaciones.

“¿Cómo se le puede decir a la gente en África, donde la mitad de la población no tiene electricidad, ‘Dejen sus recursos en la tierra?”, afirmó Sall en una entrevista el pasado enero ante las críticas de activistas opuestos a los combustibles fósiles.

“Eso no tiene sentido y no es justo”, zanjó el presidente.

Según informó esta semana la Cámara Africana de Energía (AEC, en inglés), grupo de presión del sector energético de África con sede en Sudáfrica, Senegal “va camino de lograr la primera producción de gas de la primera fase del desarrollo de Greater Tortue Ahmeyim (GTA, proyecto de gas licuado en la frontera marítima con Mauritania) para el tercer trimestre de este año”.

La primera fase de ese proyecto producirá 2,3 millones de toneladas de gas al año, según la EAC.

El proyecto petrolero inaugural del país, el campo marino de Sangomar, a unos 100 kilómetros de Dakar, “está completo en un 95 % y se espera que comience la producción entre mayo y julio de 2024”, dijo la Cámara Africana de Energía, al precisar que “la capacidad de producción del proyecto es de 100.000 barriles por día”.

Así, pues, el presidente que salga elegido en las urnas este domingo deberá supervisar este auge energético.

Aunque diecinueve aspirantes compiten por reemplazar a Sall, sólo dos parecen tener opciones de triunfo: Amadou Ba, el ex primer ministro que tiene el respaldo del presidente saliente y es candidato de la coalición gobernante; y Bassirou Diomaye Faye, abanderado de la principal fuerza opositora después de que su líder, Ousmane Sonko, fuera descalificado por una condena judicial.

Se espera que Ba, de 62 años y favorito entre los inversores, continúe las políticas de Sall, que permitieron que la economía creciera un promedio de más del 5 % anual durante la última década.

Faye, exinspector fiscal de 43 años sin experiencia en el Gobierno, se ha comprometido a revisar los acuerdos de petróleo y gas que el Gobierno firmó con inversores internacionales.

Según un informe del Fondo Monetario Internacional (FMI) de julio pasado, el país tiene “buenas perspectivas, reforzadas por la producción de petróleo y gas, que darán un impulso a la economía durante los próximos años”.

Así, el FMI estima que el crecimiento de Senegal “se acelerará al 10,6 % en 2024 y al 7,4 % en 2025”.

El pasado enero, el Banco Mundial (BM) destacó que “Senegal es una de las economías de más rápido crecimiento en África occidental”, pero precisó que “su sólido desempeño económico durante la última década no resultó en una reducción significativa de la pobreza”.

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