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Yakarta, 8 ene (EFE).- Un barco con más de 184 rohinyás, muchos de ellos mujeres y niños, desembarcó este domingo en una playa de la provincia indonesia de Aceh, en el noroeste del país, en una nueva llegada masiva de refugiados que se suma a las dos embarcaciones que arribaron a finales de diciembre.

Según explicó a EFE la coordinadora de la ONG Comisión para los Desaparecidos y Víctimas de Violencia (Kontras, en indonesio), Azharul Husna, los recién llegados fueron trasladados a una población cercana para asistirles tras el largo periplo marino.

En videos y fotografías publicadas en las redes sociales se ve como el grupo salta al agua desde el barco atorado en la orilla para llegar a la playa, donde se tumban exhaustos sobre la arena.

Este es el tercer grupo en llegar a Aceh, del que se tiene conocimiento, tras las llegadas el 25 de diciembre de un bote con 57 rohinyás y un día más tarde de un segundo barco con 174 personas de esta minoría musulmana perseguida en Birmania.

Según la web de noticias Aceh Portal, este navío, al igual que los anteriores, zarpó desde Bangladés, donde cientos de miles de rohinyás languidecen desde hace años en la mayor red de campos de refugiados del mundo.

La coordinadora de Kontras ya alertó a EFE a finales de diciembre de que esperaban nuevas llegadas de barcos cargados de refugiados.

La Agencia de la ONU para los Refugiados indicó que 2022 podría ser uno de los años más mortales para los rohinyás, ya que unos 2.000 refugiados se embarcaron ese año en peligrosas travesías en el golfo de Bengala y el mar de Andamán, de los que unos 200 han muerto y 180 se encuentran desaparecidos, pues se cree que su barco naufragó en alta mar.

Además de los barcos que llegaron a Indonesia, en diciembre una embarcación con 105 rohinyás fue rescatada por las autoridades de Sri Lanka y otra con 152 miembros de esta comunidad fue remolcada por barcos vietnamitas y entregada a Birmania.

Los rohinyás arriesgan sus vidas en peligrosas e insalubres travesías oceánicas en un intento de huir de Birmania, donde sufren persecución, y de los campos de refugiados de Bangladés, donde son víctimas de un aumento de la criminalidad, las restricciones impuestas por las autoridades y la falta de esperanza.

En agosto de 2017, el Ejército birmano lanzó una campaña militar contra la población rohinyá en el norte del estado de Rakáin (Arakan), por la que el país se enfrenta a una acusación de genocidio ante la Corte Internacional de Justicia en La Haya.

El brutal operativo militar motivó el éxodo de más de 720.000 refugiados a la vecina Bangladés, donde continúan hacinados, junto a otros rohinyás que huyeron en anteriores oleadas de violencia.

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