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Redacción Ciencia, 20 mar (EFE).- Los receptores olfativos no solo están en la nariz, los hay también en órganos como los riñones y son estos lo que podrían ayudar a explicar la diferencias de presión arterial entre mujeres y hombres, así como en otros mamíferos, según publica Science Advances.

Una investigación encabezada por la Escuela Universitaria de Medicina Johns Hopkins (EE.UU.) realizó pruebas en ratones y analizó datos de humanos para dilucidar el papel en la regulación de la tensión de ese receptor olfativo.

La presión arterial en hembras premenopáusicas humanas y ratones suele ser diez puntos más baja, tanto en diastólica como sistólica, que en los machos, y aunque algunos estudios sugieren que puede deberse a las hormonas sexuales, la base biológica de la variación no está clara.

En diversos órganos del organismo hay receptores olfativos, que son pequeñas proteínas situadas en la superficie de las células las cuales detectan olores y sustancias químicas.

Los investigadores se centraron en un receptor olfativo Olfr558, que es uno de los conservados por la evolución en muchos mamíferos, como los ratones y que en su versión humana se llama OR51E1.

Para este estudio, los investigadores hallaron el receptor en las células de los vasos sanguíneos del riñón y en las granulares yuxtaglomerulares, un tipo de célula renal que segrega la hormona renina, que desempeña un papel clave en la regulación de la presión arterial.

“Este fue nuestro primer indicio de que debíamos examinar más de cerca el impacto de Olfr558 en la presión arterial”, señaló la primera autora del estudio Jennifer Pluznick.

Los ratones macho con niveles normales de Olfr558 presentaban normalmente una presión arterial 10 puntos superior a la de las hembras, pero si se manipulaban genéticamente para que carecieran del gen de ese receptor las diferencias desaparecían.

Los datos preliminares apuntan a la rigidez de los vasos sanguíneos y a los niveles de la hormona renina en la sangre como posibles razones de la falta de variación de la presión arterial en ratones sin el receptor.

El equipo también analizó información genómica de los datos de tejidos humanos almacenados en el Biobanco del Reino Unido, centrándose en las personas con una variación poco frecuente en la versión humana del receptor olfativo OR51E1.

El resultado fue que las mujeres y los hombres menores de 50 años con esa variante no muestran las típicas diferencias en la presión arterial ligadas al sexo.

“Esperamos que la mejora de nuestros conocimientos sobre la biología básica de este nuevo vínculo nos permita comprender mejor la regulación de la presión arterial en ambos sexos”, dijo Pluznick.

Los investigadores advirtieron que con este trabajo no se ha identificado una vía de señalización molecular directa que establezca el vínculo entre el receptor olfativo y la variación de la presión arterial, pero el equipo quiere abordarlo en un futuro.

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