Publicidad

Montevideo, 16 mar (EFE).- Ejercitar la memoria latinoamericana es una de las misiones de ‘Primavera con una esquina rota’, una obra de teatro “sin fronteras” que recuerda en Uruguay el Plan Cóndor y las “dictaduras terribles” que hubo en la región.

Basada en la novela homónima del uruguayo Mario Benedetti, ésta llega a las tablas de la mano de la compañía chilena Ictus.

“En el marco de la conmemoración de los cincuenta años del golpe de Estado en Chile utilizamos la historia de Benedetti y la elección de Uruguay como el primer país de esta gira internacional no es azarosa, dado que también se cumple un lustro de la dictadura aquí”, asegura en una entrevista con la Agencia EFE su director, Jesús Urqueta Cazaudehore.

Exilio y resistencia

La actriz de la compañía teatral chilena Teatro Ictus, Belén Herrera, participa en un ensayo de la obra 'Primavera con una esquina rota', basada en la novela homónima del escritor uruguayo Mario Benedetti, el 14 de marzo del 2024, en el Teatro El Galpón de Montevideo (Uruguay). EFE/ Alejandro Prieto

Benedetti escribió ‘Primavera con una esquina rota’ en 1982, cuando se encontraba en el exilio como consecuencia de la dictadura cívico-militar que el país suramericano vivió entre 1973 y 1985.

La novela narra la historia de Santiago, un revolucionario preso en una cárcel uruguaya, que va desvelando sus emociones, miedos y deseos a través de las cartas que envía a su familia, que se exilió a México tras la caída de la democracia.

Paralelamente, la trama gira alrededor de la historia entre su esposa, Graciela, y su mejor amigo, Rolando, quienes se van acercando cada vez más en el exilio, según detalla Urqueta.

La adaptación del libro de Benedetti al teatro llegó a Chile en la temporada de 1984-1985, mientras el país atravesaba la dictadura militar de Augusto Pinochet, en lo que el director de la muestra recuerda como un “lugar icónico” dentro del teatro y la política chilena.

“Cuando la compañía Ictus estrenó originalmente ‘Primavera con una esquina rota’, el protagonista, Roberto Parada, supo del asesinato de su hijo José Manuel Parada por mano de la inteligencia de la dictadura, al que encontraron degollado, y en un acto de resistencia política él decide continuar haciendo la obra”, rememora Urqueta.

Memoria contra la impunidad

El elenco de la compañía teatral chilena Teatro Ictus ensaya la obra 'Primavera con una esquina rota', basada en la novela homónima del escritor uruguayo Mario Benedetti, el 14 de marzo del 2024, en el Teatro El Galpón de Montevideo (Uruguay). EFE/ Alejandro Prieto

Asimismo, explica su visión del concepto de memoria histórica: “Un acto de presente continuo de ir al pasado para rescatar lo inconcluso y proyectarlo hacia un futuro mejor”.

“Creo que en Latinoamérica, en Uruguay, en Chile -particularmente- hay impunidad. En Uruguay los culpables no fueron juzgados una ley de amnistía; en Chile se les crearon cárceles especiales a algunos militares, otros murieron como el dictador Pinochet en la impunidad”, afirma.

Para el director, este tipo de representaciones teatrales son “actos de resistencia continua e infinita”, mientras no haya justicia y todas las personas que perdieron a sus familiares conozcan dónde están sus cuerpos para poder enterralos.

Cree también que las migraciones forzadas siguen siendo “muy recurrentes” en la región, donde los conflictos iniciales son casi siempre producto de “la ambición desmedida por lo económico”, y ve en la obra un “llamado de atención que subterráneamente quiere dar en el fondo del problema”.

“Todas las acciones que ocurren en la obra y sus consecuencias no son producto, en el caso específico de Graciela, de que se enamoró del amigo de su marido estando en el exilio, sino que esto sucedió porque hubo una migración forzada por una dictadura”, subraya.

Cambios radicales

El director de la muestra detalla también que la versión de 1984 era “mucho más ilustrativa” y tenía mayor teatralidad, según lo que averiguó al preparar la nueva representación, ya que cuando se estrenó por primera vez él era muy pequeño.

Mientras que la versión original tenía dispositivos escénicos mucho más clásicos, en la actual se incluyeron cambios “muy radicales”, detalla Urqueta, que optó por usar escenografía básica a la que se le van dando diferentes utilidades.

“Si el texto original decía que hay una mecedora, en nuestra la versión hay sillas que pasan a ser nombradas como mecedoras”, matiza.

Esto se debe a apostó por la corporalidad de los personajes, que para él son individuos con puntos de vista y deseos que se relacionan, se miran a los ojos y se dicen la verdad: “Es una puesta muy humana”.

Publicidad