Santa Elena (Colombia), 2 nov (EFE).- Cuando Rani Hong cuenta que a los siete años fue separada de su familia y vendida como esclava en el sur de la India estremece. Los detalles se los guarda para huir de la revictimización, pero evoca un doloroso pasado para darle rostro a su lucha contra todas las formas de esclavitud moderna.

La activista estadounidense Rani Hong fue registrada al recorrer un cultivo de arándanos, en Santa Elena (Colombia). EFE/Luis Eduardo Noriega

Como sobreviviente de trata de personas, esta activista estadounidense de origen indio, en los últimos días se ha dedicado a recorrer cultivos en Colombia, el país que eligió para poner en marcha “The Freedom Seal (El Sello de la Libertad).

La activista estadounidense Rani Hong fue registrada al observar un cultivo de tomates orgánicos, en Santa Elena (Colombia). EFE/Luis Eduardo Noriega

Hong explicó a Efe que se trata de una “iniciativa global” para combatir el tráfico de personas y ayudar a prevenir el trabajo forzado en el sector privado.

A este sello, que pretende promover mejores prácticas de contratación y mitigar la esclavitud moderna, lo definió como un “símbolo” o un “certificado” que recibirán “empresas que lo merezcan” por gestionar impactos negativos en los derechos humanos.

La activista recordó que en 2014, en su primera visita al país para una campaña con la oficina de las Naciones Unidas contra la Droga y el Delito (UNODC), le pidió a Colombia que tuviera “una participación activa en esta lucha contra la esclavitud moderna”.

CAFÉ COLOMBIANO, CON SELLO DE LIBERTAD

Con “The Freedom Seal” como bandera, llegó hasta fincas del departamento de Caldas para “entender de primera mano la zona cafetera y a sus trabajadores”, con la idea de estimular la producción de un café libre de trabajo forzado y trata de personas a través de la implementación de su sello.

“Quiero que Colombia pueda tener trazabilidad en el café que tomamos, y que como sociedad podamos hacerlo”, dijo.

En Medellín, además de reunirse con empresarios, también conoció proyectos liderados por fundaciones, orientados al desarrollo sostenible de los territorios, en el marco de los derechos humanos.

Conoció en el caserío de Santa Elena cultivos orgánicos de arándanos y tomates, y se interesó por historias sobre el reclutamiento de personas por grupos armados ilegales.

“En el tráfico de personas no importa si eres hombre o mujer, niño o niña. Es explotación. Yo fui explotada como una niña de siete años; también mi esposo, que a los nueve años fue reclutado como niño soldado”, contó Hong.

LOS MIGRANTES, MUY EXPUESTOS

La estadounidense también marcó una alerta en relación al desafío migratorio que enfrentan los países americanos, especialmente Colombia, con la llegada de miles de personas que huyen de Haití y Venezuela.

“Los migrantes están expuestos”, advirtió y opinó que el Gobierno colombiano debe “responsabilizarse de esta gente”.

Indicó que si una compañía en Colombia contrata a migrantes, ese trabajador “debe estar seguro y no ser explotado ni vendido”.

Para ella, “los que dicen que no hay tráfico de personas en Colombia, no entienden qué es este problema”, y remarcó esa apreciación señalando que “no hay un solo país en el mundo en donde no ocurra este tipo de flagelo”.

FUERTES SECUELAS

Su experiencia personal y el trabajo realizado con otras víctimas le indican que este tipo de delitos dejan “peores” secuelas cuando se trata de niños, pues “puedes ser traumatizado como adulto, pero al menos lo puedes hablar y comunicar”.

Además, aseguró que “cuando alguien te explota, te toma y te roba, pierdes la confianza. Es difícil volver a confiar”.

Después de su paso por Colombia, Hong promoverá su sello de libertad en Suráfrica, Estados Unidos e India, países que serán “primordiales” después de Latinoamérica.

Jeimmy Paola Sierra

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