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Getafe (Madrid), 30 mar (EFE).- De nuevo, el fútbol español vivió un episodio vergonzoso de insultos racistas. Esta vez, el turno le tocó al Coliseum, donde un pequeño sector del publicó que acudió al estadio del Getafe se dedicó a ensuciar un deporte que parece estar a años luz de otros en los que, como dijo Quique Sánchez Flores, se respira otro ambiente.

El entrenador del Sevilla, tras denunciar en rueda de prenda que algunos aficionados que estaban detrás de su banquillo le llamaron “gitano”, dejó claro que las nuevas generaciones que vengan detrás de las actuales deberían tener el derecho de disfrutar de un estadio como se hace en el tenis, en el baloncesto o en el golf. “Allí van a pasarlo bien y no a insultar”, resaltó Quique en rueda de prensa.

La realidad es que la actuación de algunos hinchas del Getafe oscureció un partido entretenido de fútbol. El gol de Sergio Ramos, las paradas de Orjan Nyland o los ataques del conjunto azulón que embotellaron a su rival pasaron a segundo plano después de una jornada para olvidar en el Coliseum.

El primer aviso lo dio el árbitro Javier Iglesias Villanueva. A instancias de uno de sus linieres, paró el partido en el minuto 68 por unos cánticos racistas a Marcos Acuña. Rápidamente, se dirigió al delegado del Getafe, Manuel Mejuto González, para que exigieran por megafonía el cese de esos cánticos.

Después, en el acta, reflejó con exactitud todo lo que tuvo que escuchar Acuña: “En el minuto 68 tuve que detener el encuentro debido a que se produjeron insultos racistas sobre el dorsal 19 del equipo visitante, con palabras como ‘Acuña mono’ y ‘Acuña vienes del mono’ desde aficionados situados en la zona central del campo detrás de la posición de mi árbitro asistente”.

Ahí no acabó todo. Después, Quique Sánchez Flores denunció ante los medios que también recibió un insulto racista. Algunos aficionados del que fue su equipo en tres etapas distintas le llamaron ‘gitano’. Quique, lanzó un discurso impecable.

“Quiero decir que estoy orgulloso de cada poro de mis venas que pueda respirar gitano. Pero una cosa es ser gitano y otra es que lo utilicen como un insulto racista. Me parece aberrante. Aquí, parte del público, porque hay parte que no, se cree que puede ir a un estadio a decir lo que quiera”, denunció.

También lamentó que los estadios de fútbol sean un circo que algunos utilizan para insultar a todos los que van a trabajar a un recinto en el que se tendría que respirar un ambiente muy diferente adaptado a los tiempos modernos.

“A los que pretendemos que esto se convierta en un ocio que apasione y se reúna gente en un foro con valores y con el ánimo de pasarlo bien, no podemos convertirlo en un circo que sacrifique, señalando con el dedo, a determinados jugadores”, indicó.

En el Getafe, su entrenador José Bordalás respaldó sus palabras. También el defensa Djené Dakonam. No se escondieron. Aunque los insultos, tanto a Acuña como a Quique, venían de su afición, criticaron y condenaron unas acciones que parecen enquistadas en el fútbol.

“Estoy en contra de cualquier cántico, aunque sea una minoría. Estoy de acuerdo con Quique. Llevamos tiempo denunciándolo y hasta que no se tomen medidas serias, desafortunadamente vamos a seguir oyéndolos. Nuestros jugadores lo han sufrido en muchos escenarios. Estoy en contra de cualquier insulto o cántico racista sea a quien sea y en el estadio que sea”, manifestó Bordalás.

“Si hay un cántico aquí (en el Coliseum), el partido tiene que pararse porque esto no puede ser”, añadió Djené.

Sergio Ramos, el autor del tanto de la victoria del Sevilla, también se pronunció tras ser preguntado por los cánticos racistas que tuvo que escuchar Acuña.

“Venimos reclamando respeto dentro del fútbol. Que la gente no venga a un estadio a liberarse y a decir tonterías, a insultar a los jugadores. Hay que acabar con este tipo de gente, señalarlo, que la gente lo vea y que se le prohíba la entrada a los estadios para ir limpiando la imagen del fútbol, que debe ser un deporte maravilloso para unir y no separar”, comentó.

Parece que en España el fútbol se ha convertido en uno de los pocos reductos deportivos en el que algunos aficionados parecen creer que tienen barra libre para lanzar insultos de todo tipo hacia los jugadores, árbitros y cuerpos técnicos que hacen su trabajo en los estadios.

Y, tal vez, Quique dio en la clave en otra de sus acertadas declaraciones tras el partido ante el Getafe. El técnico del Sevilla apuntó a que, a lo mejor, cuando alguien “muy gordo” e importante sea insultado, se activarán de una vez por todas los mecanismos de los poderes que tienen que ponerse a trabajar en serio.

Ahí quedó un mensaje del que tiene que tomar nota el pequeño sector de aficionados del Coliseum que convirtieron un buen partido de fútbol en una tarde vergonzosa que debería ser la última en la que un estadio soporte los insultos de una minoría que debe ser erradicada.

Juan José Lahuerta

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