Santiago de Chile, 21 sep (EFE).- Investigadores y geólogos de Chile, uno de los países con más volcanes activos del planeta, miran de cerca la erupción del Cumbre Vieja en la isla española de La Palma, producto de un fenómeno volcánico de “punto caliente” o “hot spot”, muy diferente al que afecta al país suramericano.
Cincuenta años después de su última erupción —con el Teneguía en 1971—, la isla La Palma, ubicada en el archipiélago canario al sur de España, evidenció nuevos movimientos telúricos a partir de 2017, actividad que se intensificó el pasado 11 de septiembre y que derivó en la erupción del domingo.
Sin embargo, pese a cinco décadas de aparente tranquilidad, la explosión de lava no es una sorpresa considerando que se trata de un archipiélago de origen volcánico ubicado sobre un denominado “punto caliente”, con masivos bolsones de magma bajo la superficie que se expulsan en grandes volúmenes y de forma espectacular.
DIFERENCIAS CON EL VULCANISMO DE CHILE
“Este proceso es de ‘hot spot’, con magma que sale a la superficie en un punto específico”, dijo a Efe el geólogo de la Universidad Católica del Norte y científico del Centro de Investigación para la Gestión Integrada del Riesgo de Desastres (CIGIDEN), Felipe Aguilar, quien explicó las particularidades de esta erupción en comparación con la mayoría de la actividad volcánica chilena.
“A diferencia de gran parte del vulcanismo en Chile, estos no están formados por el proceso de subducción, es decir, cuando una placa se subducta en otra continental generando terremotos y volcanes. Tampoco ocurre por separación de placas, que es lo que ocurre en el Atlántico con Islandia”, continuó.
En la misma línea, el académico y geólogo de la Universidad de Chile, Angelo Castruccio, explicó a Efe que, si bien aún no está definido el origen de estos “puntos calientes”, hay teorías más aceptadas que otras para arrojar luz sobre el fenómeno.
“Se trata de algún tipo de anomalía térmica en el manto de la Tierra —siendo las capas corteza, manto y núcleo— que genera magma, que es el que asciende y provoca estas erupciones volcánicas”, afirmó.
En Chile hay dos zonas con vulcanismo de este tipo: el Archipiélago de Juan Fernández y la Isla de Pascua, territorio insular del país suramericano ubicado en el corazón del Océano Pacífico.
“Si en esos lugares donde también hay vulcanismo de ‘hot spot’ ocurrieran una erupción, sería probable que sea parecida a los que vemos ahora en La Palma”, dijo Aguilar.
VOLCANES ACTIVOS EN CHILE
La última gran erupción que atestiguaron los chilenos fue en 2015, cuando el volcán Calbuco, ubicado en la zona sur en la región de Los Lagos, elevó una columna de humo y cenizas de 16 kilómetros de altura sobre el nivel del mar, empujando material incluso hacia Argentina, más allá de la Cordillera de Los Andes.
El hito sepultó pueblos enteros bajo un manto de cenizas y residuos volcánicos que tardaron años en ser removidos, quedando en la memoria del país como un recordatorio del poder de la naturaleza, estando en medio del llamado Cinturón de Fuego del Pacífico.
Chile alberga más de 2.000 volcanes distribuidos a lo largo de su territorio, 92 de ellos considerados activos por las autoridades del Servicio Nacional de Geología y Minería (Sernageomin) y con registros históricos de 60 de ellos.
ERUPCIÓN “HAWAIANA”
Actualmente, la erupción del Cumbre Vieja consiste en una gran fisura con varios centros de emisión de magma, siendo identificados siete el día domingo.
La primera noche la lava escupida por el volcán alcanzó los 1.075 grados Celsius y la cantidad de dióxido de azufre generada al día equivale a entre 8.000 y 10.000 toneladas.
No es posible determinar la duración de la erupción, pero comparativamente su comportamiento puede asemejarse a lo que ocurre con el volcán Kilauea de Hawai.
“Cuatro clasificaciones son las más conocidas en cuanto a erupciones: las hawaianas, como la que vemos en La Palma, con un surtidor que levanta material a cientos de metros y luego se deja caer para formar el flujo; la estromboliana, más esparcidas en el tiempo, y otras más explosivas como las volcaneanas y plinianas”, comentó a Efe Castruccio.
Hasta hoy el avance de roca fundida ha afectado 103 hectáreas en la isla, siendo la destrucción de viviendas el punto de mayor gravedad mientras el flujo de lava se dirige hacia el mar, ya que casi 200 casas han quedado arrasadas forzado la evacuación de 6.000 personas.