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Atlanta (EE.UU.), 25 ago (EFE).- El sueño de la mitad de Estados Unidos, y la pesadilla de la otra mitad, se hizo realidad este jueves, aunque solo duró 20 minutos. El expresidente Donald Trump, cercado desde hace tiempo por los tribunales, pisó finalmente una cárcel, pero salió rápidamente en libertad tras pagar una fianza.

El expresidente de Estados Unidos Donald Trump fue registrado este jueves, 24 de agosto, al subir las escaleras de su avión privado, luego de pagar una fianza de docientos mil dólares para no ser apresado por haber intentado revertir el resultado de las elecciones presidenciales de 2020 en el estado de Georgia, en el aeropuerto de Atlanta (Georgia, EE.UU.). EFE/Edward Pio Roda

El republicano cumplió con la orden de la Justicia y se entregó en una prisión de Atlanta para ser fichado en su cuarta imputación. Esta vez, por haber intentado revertir el resultado de las elecciones presidenciales de 2020 en el estado de Georgia, donde perdió por un estrecho margen contra Joe Biden.

El avión privado del expresidente de Estados Unidos Donald Trump fue registrado este jueves, 24 de agosto, al despegar del aeropuerto de Atlanta (Georgia, EE.UU.), luego de que el exmandatario pagara una fianza de docientos mil dólares para no ser apresado por haber intentado revertir el resultado de las elecciones presidenciales de 2020 en el estado de Georgia. EFE/Edward Pio Roda

La llegada de Trump a Atlanta, desde que aterrizó en su avión privado hasta que se trasladó a la cárcel del condado de Fulton, fue televisada por las principales cadenas del país en horario de máxima audiencia.

UNA FOTO HISTÓRICA

Al interior de la cárcel, el personal penitenciario anotó su peso y altura: 1,90 metros y 97 kilos. Le tomó las huellas dactilares y le hizo una foto para la ficha policial, la primera de un expresidente estadounidense.

Con el ceño fruncido, una mirada desafiante y su habitual corbata roja, la imagen de Trump pasará a la posteridad, o al menos quedará inmortalizada en miles de camisetas de sus seguidores.

En ninguna de sus tres anteriores imputaciones penales -la del soborno a la actriz porno Stormy Daniels, la de los documentos clasificados y la del asalto al Capitolio- había tenido que comparecer en una prisión ni se le había tomado una fotografía policial.

El sheriff del condado de Fulton ya había advertido que Trump no tendría un trato especial y que se sentaría ante la cámara igual que el resto de procesados.

Pero lo cierto es que su fichaje fue mucho más ágil de lo habitual, ya que los abogados del expresidente habían pactado previamente con la Fiscalía una fianza de 200.000 dólares para su inmediata puesta en libertad.

Unos 20 minutos después, Trump salía de la prisión en el mismo convoy blindado con el que había ingresado, sin que la prensa lo viera y sin tener que pasar la noche o incluso días esperando una audiencia para determinar la fianza, como le ocurre a muchos reos de este penal.

No experimentó en carne propia las condiciones de insalubridad y violencia que hay en la prisión de Fulton y que son objeto de una investigación del Departamento de Justicia desde que el año pasado fue hallado un preso sin vida, desnutrido y lleno de insectos.

Delante de la prisión, decenas de extravagantes simpatizantes de Trump, algunos reincidentes en este tipo de eventos, desafiaban el calor para expresar su apoyo al exmandatario, con la ayuda de los helados que vendía un carrito que hoy hizo su agosto.

Con un cartel que equiparaba a Trump con Nelson Mandela, Rick Hern, residente de Atlanta, dijo a EFE que la imputación es “injusta” y reivindicó que Trump tenía “derecho a investigar las elecciones si creía que había irregularidades”.

¿Y AHORA QUÉ?

Pero de lo que realmente lo acusa la fiscal de Fulton Fani Willis es de 13 delitos por haber liderado una trama mafiosa con 18 aliados para intentar revertir su derrota electoral en Georgia, uno de los estados clave para ganar la presidencia.

De ser declarado culpable de todos los cargos, el expresidente republicano podría ser condenado a hasta 76 años y medio de cárcel.

Una de las principales pruebas en su contra es la grabación de una llamada de enero de 2021 en la que pidió al secretario de Estado de Georgia, Brad Raffensperger, que le “encontrara” 11.780 votos, uno más de los que había conseguido Biden.

El republicano considera todos los casos en su contra una “caza de brujas”, y todavía hoy sigue sosteniendo el bulo de que ganó las elecciones de 2020.

Willis quiere demostrar que Trump violó la llamada ley RICO, una legislación utilizada en Georgia para perseguir a capos de la mafia, y ha propuesto que el juicio arranque el próximo 24 de octubre.

Para Fred Smith Jr., profesor de Derecho Constitucional de la Universidad de Emerson, en Atlanta, el “calendario es muy agresivo” y la acusación muy compleja, pero recordó que Willis ha tenido éxito en anteriores imputaciones con la ley RICO.

“Es un caso complejo pero si hay alguien que lo puede hacer es ella”, dijo el experto a EFE.

Esta cuarta imputación ha cobrado especial relevancia porque al tratarse de un proceso judicial estatal en lugar de federal, Trump no podría indultarse a sí mismo en caso de recuperar la Presidencia estadounidense.

Y es que los procesos judiciales no han hecho mella en su popularidad: el exmandatario es el gran favorito para hacerse con la nominación republicana para las presidenciales de 2024, en las que espera batirse de nuevo con Biden.

Justo ayer, Trump fue el gran ausente del primer debate televisado entre aspirantes republicanos a la nominación. Hoy, se entregó en horario de máxima audiencia. Tuvo en la cárcel de Fulton el plató que quería.

Eduard Ribas i Admetlla

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